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¿Y si Donald Trump pierde y no acepta la derrota, qué pasará?

Redacción/elCorreo.do

WASHINGTON: El comportamiento irresponsable que desde 2016 viene manifestando el presidente y candidato a su reelección, Donald Trump, vuelve a constituir una preocupante preocupación respecto a los resultados de las elecciones presidenciales del tres de noviembre próximo.

Se recuerda que durante la campaña pasada y en la actual, el entonces candidato Trump rehusó comprometerse a aceptar los resultados de las elecciones e igual ahora, con sus continuos ataques contra la fiabilidad y legitimidad del voto por correo.

La causa queda clara de que se trata aplanar el camino para enlodar su posible derrota, alegando fraude electoral, lo que sería una forma de menguar la fe en el sistema democrático estadounidense, pese al precedente de elecciones impugnadas.

¿Y si Trump pierde, pero no acepta la derrota?

Desde hace cuatro años se viene planteando esa pregunta, lo que para no pocos se trata de un escenario ficticio, cuya respuesta la ofrece el profesor de derecho del Amherst College de Amherst, Massachusetts, Lawrence Douglas, en su nuevo libro que basa en la interrogante “¿Se irá? Trump y el inminente colapso electoral en 2020”.

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Douglas asegura que no es posible o probable sino “inevitable” que Trump se niegue a aceptar la derrota, pero planta la pregunta ¿Qué pasará si el presidente asegura el 4 de noviembre que las elecciones han sido un fraude y no acepta los resultados?

Ya el empresario y aspirante a continuar proclamó recientemente a través de su cuenta de Twitter lo siguiente: “Ahora (el soñoliento Joe) sleep Joe y los demócratas corruptos intentan robarme estas elecciones del pueblo americano”.

Ultimo debate Trump-Hilary

El periódico BBC Mundo publicó el pasado 20 de octubre de 2016 un análisis basado en la posibilidad de que Trump no aceptara los resultados de los comicios del 8 de noviembre de ese año.

“Se dijeron muchas cosas en el tercer y último debate de los candidatos a la presidencia estadounidense, pero lo que destacó en el irascible encuentro fue la negativa de Donald Trump a aceptar que reconocerá el resultado de las elecciones del 8 de noviembre.

“Lo miraré en su momento”, declaró el candidato republicano. “Los mantendré en suspenso”.

Al día siguiente, con su usual tono entre desafiante y humorístico, Trump dijo: “Quisiera prometer y comprometerme con todos mis votantes y seguidores y con toda la gente de Estados Unidos a que voy a aceptar totalmente los resultados de esta gran e histórica elección presidencial…si yo gano”.

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Su opositora, Hillary Clinton, calificó la declaración durante el debate de “horrorosa”.

“Está denigrando y está tratando con altivez a nuestra democracia”, declaró la candidata demócrata. “Y yo, por mi parte, estoy consternada de que alguien que es el candidato de uno de los dos grandes partidos tome esta posición”.

Ejemplos históricos de crisis electorales

Ejemplo del intento de desconocimiento de resultados electorales se produjo en 1800, cuando Thomas Jefferson y Aaron Burr recibieron el mismo número de votos del Colegio Electoral.

Debido a que ningún candidato ganó una clara mayoría del voto electoral, la Cámara de Representantes se adhirió a la Constitución y convocó una sesión especial para resolver el empate por votación. Tuvieron que realizar 36 encuestas para otorgarle a Jefferson la victoria, que fue ampliamente aceptada.

También en 1824, Andrew Jackson ganó la votación popular contra John Quincy Adams y otros dos candidatos, pero no obtuvo la mayoría necesaria del Colegio Electoral.

Una vez más, la Cámara Baja aplicando un procedimiento en la Constitución, seleccionó a Adams como ganador sobre Jackson.

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La elección de 1876 entre Rutherford B. Hayes y Samuel Tilden fue impugnada porque varios de los estados del Sur no pudieron certificar claramente un ganador.

Esto se resolvió a través de negociaciones interpartidistas conducidas por una comisión electoral establecida por el Congreso.

Mientras Hayes llegó a la presidencia, se le hicieron concesiones a los estados del Sur que efectivamente pusieron fin al período de Reconstrucción.

La impugnación de la consulta celebrada en 1860, lo que generó la Guerra Civil- ocurrió en un contexto de división interna, debido al debate sobre la extensión de la esclavitud en los nuevos territorios anexados.

Cabe resaltar que en la casi totalidad de elecciones impugnadas no han constituido una amenaza real a la legitimidad o el reconocimiento de que el Gobierno tiene derecho de gobernar.

En las democracias, las elecciones generan legitimidad porque los ciudadanos contribuyen a la selección de los líderes.

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