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VIDEO: Luchar contra la malaria en tiempos de coronavirus

Entrevistamos a Elena Gómez-Díaz, bióloga evolutiva que centra sus investigaciones en la malaria. ¿Cómo afecta la epidemia de COVID-19 a la lucha contra esta enfermedad?

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Victoria González

A finales de marzo, la Organización Mundial de la Salud hacía un llamamiento para que los países más afectados por la malaria garantizasen la continuidad de los servicios de lucha contra esta enfermedad en el contexto de la epidemia de COVID-19. Hemos querido hablar de este tema con Elena Gómez Díaz, que dirige un grupo de investigación sobre genética y epigenética del parásito responsable del paludismo en el Instituto de Parasitología y Biomedicina López-Neyra (CSIC) en Granada.

“Efectivamente, ahora mismo estamos muy preocupados por cómo va a afectar esta pandemia a los programas actuales de lucha contra la malaria”, nos comenta la investigadora. “La pandemia del coronavirus está comenzando a incurrir, aunque aparentemente de forma más lenta, en muchos países de África y América Latina que ya estaban azotados por epidemias muy importantes. Además son países con sistemas sanitarios muy empobrecidos: imagina las dimensiones que puede tener una pandemia como la que nos está azotando en un contexto de falta de recursos y de infraestructura”.

Además de las posibles consecuencias catastróficas de la explosión de la COVID-19 en estos países, también preocupa el cómo va a afectar a la carga de esas otras enfermedades con las que ya se lucha allí cada día. “Es un problema tanto desde el punto de vista epidemiológico como del de un posible retroceso en todos los avances que llevamos hasta ahora en los programas de seguimiento y prevención de la enfermedad. Hay que tener en cuenta que el parásito de la malaria responde muy rápidamente a los cambios en el uso de insecticidas, fármacos y vacunas. Es capaz de adaptarse de manera muy rápida a los cambios, de forma que una interrupción en estos programas puede conllevar la aparición rápida de nuevas cepas, y esto supondría un retroceso muy importante en la lucha contra esta enfermedad”.

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Lecciones que nos llegan desde África

En un momento en el que los sistemas sanitarios de muchas naciones occidentales se han tambaleado debido a la pandemia del coronavirus, parece necesario mirar hacia otros países más acostumbrados a lidiar con emergencias sanitarias de todo tipo y aprender de ellos. “Hay que cambiar la forma en que miramos a África”, explica Gómez-Díaz. “En primer lugar, son muchos países, con muchas culturas y realidades diferentes. Y, por otro lado, hay que desterrar esa imagen tan occidental que tenemos de los africanos. Los miramos con pena y paternalismo, pero son gente con muchas potencialidades y capacidades, solo necesitan más oportunidades y que dejemos de pisarles”.

“Uno de los problemas que estamos teniendo en Occidente con esta pandemia es la improvisación y la falta de estructuras y procedimientos. Esto son cosas que en África ya están implementadas porque llevan muchos años enfrentándose a estas terribles epidemias que se llevan por delante a millones de personas”, reflexiona la científica. “Otra cosa que nos enseñan es la capacidad de implicación de la comunidad en la respuesta, eso es algo que nosotros estamos aprendiendo sobre la marcha. Llevábamos muchos años derivando hacia la individualidad, y ahora con la pandemia debemos volver a una colectividad, y eso es lo más valioso que tienen ellos para luchar contra las epidemias”.

Fármacos contra la malaria: ¿son eficaces frente a la covid-19?

En las últimas semanas hemos escuchado hablar de las cloroquinas y de otros fármacos que se usan habitualmente para tratar el paludismo y que se han presentado como tratamientos potenciales frente al SARS-CoV-2. “Es muy importante entender en qué consiste el reposicionamiento de fármacos: esto implica reutilizar fármacos que ya se usan para otras afecciones y que, por tanto, han pasado todos los controles para tratar otra enfermedad. A priori es una solución buena porque ahorras mucho tiempo, pero el problema es que tenemos evidencias de cómo funcionan estos fármacos en otras enfermedades, pero no sabemos ni cuál es la dosis eficaz y segura, ni su efectividad en nuevas patologías”.

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“La hidroxicloroquina empezó siendo muy prometedora, y al cabo del tiempo se ha visto que, en estudios clínicos en humanos, no parece que funcione tan bien como se esperaba. Tiene efectos secundarios, el cuadro clínico de una persona enferma de COVID-19 no es el mismo que el de una persona con malaria, y además la dosis que se requiere para que sea efectiva es mucho mayor. A día de hoy, la hidroxicloroquina no está teniendo los resultados que se esperaban hace tan solo unas semanas”.

“En ese sentido hay otros antipalúdicos que también se proponen como candidatos. Uno de ellos es la ivermectina, que es uno de los fármacos que actualmente se está considerando como posible solución de administración masiva a toda la población en África contra la malaria. Si ahora se empezase a usar contra la COVID-19 (es un supuesto, tampoco está demostrado que funcione), se podría producir un desabastecimiento de este medicamento para el tratamiento de enfermedades para las que ya se usa. Además, si de repente se empezase a usar a mayor escala y con dosis más grandes, se correría el riesgo de que el parásito de la malaria desarrollase resistencias”.

La ciencia tiene sus tiempos

En las últimas semanas estamos viviendo una lluvia constante de informaciones relativas a la nueva enfermedad con datos que, la mayoría de las veces, no han sido contrastados con el debido rigor científico. “Estamos viviendo un tiempo de desinformación total. Por la urgencia de la situación, se está dando información que no es del todo veraz ni fiel a la realidad. La sociedad necesita respuestas, pero los científicos no debemos precipitarnos. Se están dando a conocer evidencias que no son tales y que no han pasado por todos los filtros que la ciencia tiene para asegurarse de que los resultados son veraces y fiables”, reflexiona la investigadora. “Estamos en unos tiempos muy raros, en los que se ponen en duda muchas cosas, se debate todo y sale a la luz muy rápido sin que tengamos tiempo de asimilarlo y evaluarlo desde el punto de vista crítico y con una opinión formada. Eso es muy peligroso”.

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La ciencia importa

Una de las cosas que parece haber quedado clara en esta crisis es que la importancia de tener un sistema científico fuerte. “Igual que los sanitarios, de repente los científicos estamos en boca de todos, somos los héroes y heroínas de quienes depende la salvación del mundo. Eso es peligroso, porque nosotros hacemos nuestro trabajo, que es investigar y avanzar en el conocimiento. Esa tarea necesita tiempo y financiación, suficientes personas que trabajen en ello, así como infraestructuras y políticas de ciencia estables”.

“En España no tenemos un sistema de salud ni científico sano, bien financiado, con un número de personas adecuado. Estamos en unas condiciones muy precarizadas, y por eso cuando hay una epidemia o una emergencia como la actual no se pueden dar las respuestas de la forma que sería deseable. Hacemos lo que podemos, pero las deficiencias están ahí, y de cara a las próximas emergencias y retos necesitamos que ese sistema científico sea saludable y esté bien dotado de personal y recursos. Y que la sociedad crea en ello y vea la necesidad de tenerlo y cuidarlo. Espero que esa percepción de la necesidad de la ciencia que tenemos en estos momentos quede ahí y cale de manera duradera”.

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