Perspectiva

¡Sigues equivocándote!

Por Clemen García D.

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: De ostentar un papel protagónico en decisiones de Estado desde antes del 1996, es a partir del 2007 que hemos sido testigos de tu involución. Ver cómo degradaste a este triste final es cruel, sobre todo para aquellos que, como yo, en algún momento de nuestras vidas sentimos respeto y hasta admiración por ti.

Lastima hojear la cronología de hechos políticos perversos, y ni hablar de conductas personales, que por ser tan personales es preferible ni tocar. Nos circunscribiremos a lo meramente político-partidario, de lo otro que se encarguen los mismos faranduleros que tuvieron espacio preferencial en tu obra de Gobierno.

La primera equivocación fue cuando decidiste recluirte en aquel ostracismo como respuesta a no ser el elegido para candidato a las elecciones del 2008. Alimentaste desde entonces ese lado oscuro y tenebroso que todos tenemos, pero que por ser tan oscuro preferimos mantenerlo donde no asome siquiera el sol. Tu variopinta y caprichosa personalidad dio rienda suelta a cada pensamiento malvado que se formó desde entonces.

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Nos llevaste por un laberinto; recorrimos espacios poco institucionales y antidemocráticos desde que se te ocurrió la primera modificación constitucional para reelegirte. Irrespetaste pactos, violaste acuerdos, mentiste descaradamente sin rubor alguno. Tu meta era otra, y había que hacer lo que fuere necesario para conseguirla.

Pero tu mayor equivocación fue decir que las bases fueron la causa de la derrota del partido.

Fuiste tú y nadie más, el culpable de lo ocurrido hoy. Cruzaste la delgada línea del honor en la lucha por el poder y lo llevaste a la más humillante de las derrotas.

Quebraste los órganos partidarios. Compraste todo aquello que tuvo precio, incluyendo dignidades en las que una vez creímos. Comercializaste el logro de años en formación y círculos de estudio.

Sobre ti se concentró todo poder, y tus adláteres, sumisos y dependientes de la nómina estatal, prefirieron callar antes que enfrentar el desastre que todos veíamos venir. El miedo hacia ti y a perder su zona de confort de 16 años corridos como presupuestófagos, impidieron asomo alguno de pensamiento crítico.

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Te rodeaste de extraños, rompiste el cordón umbilical con el partido. Asumiste la errónea posición de dios del Olimpo sin tener las condiciones.

Se te ocurrió imponer por encima de los tradicionales aspirantes peledeístas, un penco candidato que no representaba absolutamente el sentir de las bases. Pero era tu alter ego.

Debiste preocuparte cuando en el intento de una segunda modificación recibiste por respuesta un rotundo no de parte de Leonel Fernández, entonces presidente del partido. El peso y calibre del liderazgo Fernández no fue suficiente porque según tu criterio, él continuaría con la disciplina que obligaba a callar y aceptar, como hizo el resto.

Olvidaste, y ahí viene el pero, que Leonel piensa, sabe leer y escribir bien, de condiciones políticas excepcionales y con fuerte arraigo en el PLD. Su decidida y firme oposición a tu aberrante deseo de otra reforma constitucional, te llevó al fracaso. Así como te cargó en el 2012 te sacó en el 2020.

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Y que bueno, alguien tenía que darte una lección. Hoy eres dueño y señor de unas desvaloradas siglas, y por supuesto, de una culpa que, aunque no la aceptes públicamente, la cargas históricamente sobre tus hombros y conciencia.

Estás en negación, es peor, porque seguirás equivocándote.

Pobre don Juan… tanto que promovía el uso de nuestras cabezas como instrumento de capacidad de pensamiento y libertad, para que uno de sus discípulos lo echara por la borda.

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