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Repensar el voto en el exterior

VISIÓN GLOBAL/Por Nelson Encarnación

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Nadie discute que el voto de los dominicanos en el exterior es una gran conquista y un reconocimiento a los aportes que hacen nuestros compatriotas allende los mares, no solo en términos económicos cuantificables por vía de las remesas, sino directamente a familiares y allegados mediante otros medios.

Ese derecho llegó unido al reconocimiento de la doble ciudadanía, al establecerse la no pérdida de la original por nacimiento, permitiendo que cientos de miles conserven su arraigo nativo, lo cual se manifiesta en el apego a lo nacional en varios aspectos, incluyendo el político.

Pero, esta última cuestión es solo un apego emocional que no se expresa en un ejercicio de ciudadanía, una de cuyas derivaciones esenciales es la participación en procesos electorales.

Veamos las recién pasadas elecciones, sobre las cuales se discute ahora mismo la gran abstención que por primera vez supera el 46% en unas presidenciales.

Sin embargo, esto es muy relativo, pues es oportuno tener en cuenta el gran impacto que sobre la abstención general ha tenido la ausencia de votantes en las circunscripciones del exterior, donde, de un padrón de inscritos de 863,785 electores, apenas concurrieron 162,953, para un pírrico 18,86%.

Si se desagregan estos 700,832 registrados no concurrentes, la abstención real bajaría significativamente, situándose en un 39%, cifra que, de todos modos, todavía se considera elevada, si se toma en cuenta el histórico en las presidenciales.

Separada por circunscripción, encontramos que en la uno, que comprende de Canadá a la Florida, sin incluir Miami, se presenta el caso más dramático, por tratarse, no solo de la jurisdicción con el mayor número de inscritos, sino que tiene la militancia más aguerrida de los partidos políticos o las organizaciones sociales.

En esa demarcación electoral están empadronadas 549,553 personas hábiles para votar, de las cuales solo acudieron 96,072 electores, para un anémico de apenas 17.47 por ciento.

Por su parte, en la circunscripción dos, que comprende los territorios de Puerto Rico, Miami, islas del Caribe y toda Suramérica, están hábiles para ejercer el voto un total de 164,795 electores, y ellos acudieron al proceso 31,185 votantes, para un 18.92%.

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En el caso de la circunscripción tres, que abarca toda Europa, el padrón registra 149,436 inscritos, y de ellos fueron a las urnas 37,250, equivalentes al 24.93%, siendo esta la jurisdicción electoral que recibió el mayor número de concurrentes, pero aún así apenas un cuarto de los convocados.

¿Qué hacer frente a una situación que deja ver que el voto en el exterior solo motiva a los activistas políticos?

Los actores políticos y la Junta Central Electoral pudieran implementar una modalidad en la que los dominicanos del exterior mantengan sus derechos electorales, pero solo para escoger a los diputados de ultramar.

Incluso, se pudiera estudiar—al segregarlos de la presidencial—la creación de dos senadurías, una para la circunscripción tres de toda Europa, y otra que abarque el resto de los territorios del continente americano, los cuales, junto con las siete diputaciones existentes, serían más útiles para esas comunidades que la propia presidencia de la República.

Esta separación del padrón presidencial de ninguna manera debería verse como una negación de derechos, sino que, por el contrario, sería un mayor reconocimiento, vía la representación congresual ampliada.

Sabemos que es un tema polémico, pero los propios líderes comunitarios y políticos que activan en esas demarcaciones deberían entender que un derecho solo sirve si se ejercita.

Y sobre lo económico, debemos entender que, en esas condiciones, la inversión para el montaje electoral del exterior no parece tal, sino casi un dispendio. Que se estudie.

Nelsonencar10@gmail.com

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