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Policía y Comunicación

Por Tony Pérez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVAReforma profunda de la Policía, ha urgido otra vez el presidente Luis Abinader Corona.

Ha vuelto a reaccionar enérgico, ahora ante el asesinato de la arquitecta Leslie Rosado, 36 años, por parte del cabo policial Janly Disla Batista, quien, a  bordo de una motocicleta, le persiguió la noche del sábado 2 de octubre 2021, mientras ella conducía su jeepeta, en compañía de su hija de 15 años, cerca del club náutico, en el poblado Andrés, municipio turístico Boca Chica, 31 kilómetros al este del Distrito Nacional.

Anteriores acciones brutales del “cuerpo del orden” y la presión social habían motivado al mandatario a crear mediante el decreto 211 de este año, una comisión reformadora que él juramentó el 6 de abril y le emplazó a presentar resultados en un año. El organismo deberá elaborar políticas públicas enfocadas en una reforma legal, institucional y operativa.

http://www.finjus.org.do/index.php/blog/item/555-presidente-luis-abinader-crea-comision-de-reforma-a-policia-nacional.

En vista de los intereses en conflicto, Abinader Corona aceptó en la ocasión que habrá obstáculos para la ejecución de tal proceso,  “pero nosotros estamos preparados y determinados para no parar, cueste lo que cueste”.

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Se trata de un gran paso que, por lo visto, demanda de buen tiempo. La PN sufre fallas de origen y requiere una gran cirugía de emergencia en su cuerpo, como le urge al sistema en el que ella está insertada y la determina. Porque se produciría una recidiva más peligrosa aún, si no se aborda de manera integral, mirando todas las estructuras que interactúan en esa “caja negra”.

Pero, “en lo que el hacha va y viene”, la institución debe jugar a sobrevivir con un mínimo de dignidad, aminorando problemas cruciales de alto impacto, como la delincuencia callejera, el pandillerismo y los matones a sueldo, para recuperar algo de confianza a través de una gestión diferente de la comunicación, para hacerla más amigable con la sociedad que le paga los salarios.

En cuanto al gerenciamiento de la comunicación, durante décadas, esta institución ha saltado de desacierto a desacierto. De menos a más todo el tiempo.

Por lo que se ve en el terreno, la PN nunca ha entendido que la sociedad debe ser su principal colaboradora. No se comunica con ella; sólo informa, pero con evidentes falencias.

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Baste citar sus profundos silencios cuando debe hablar urgente, cuando no apela a ruedas de prensa prematuras en las que leen notas con insufrible estilo marcial, en las cuales apresuran juicios que la incriminan. El ejemplo más fresco es el “homicidio voluntario” contra la arquitecta Rosado.

Y de eso es culpable el Gobierno como institución del suprasistema, que -para diseñar políticas de rescate- históricamente  ha importado “comunicólogos” extranjeros, a costos exorbitantes. O se ha dejado asesorar de mercadólogos locales con visiones erróneas sobre la dimensión de la comunicación institucional. El embarre ha sido mayor.

El precio pagado ha sido tan caro que el dominicano ya ve en cada policía a un ladrón y asesino implacable a quien debe huirle. Cierto que son crecientes las prácticas delincuenciales de patrullas; pero, ¿no hay policías honestos y solidarios con las comunidades? ¿Muchos, pocos? ¿Todos son malandrines?

Para mejorar lo antedicho es innecesario pedir las cabezas del ministro de Interior, Jesús Antonio Vásquez, y del director general de la PN, Edward Sánchez, salvo que se quiera apelar a la pirotecnia politiquera propia de los oportunistas de siempre.

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Ojalá miremos estratégicamente a la Policía. En contexto.

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