Internacionales

Ni regalada: ¿por qué la mayoría de los españoles son reacios a vacunarse contra el COVID-19?

La campaña comenzará en enero en la red de centros de salud pública, unos 13.000 en el conjunto de toda España. El plan consiste en vacunar a una parte importante de la población antes de que concluya el primer semestre de 2021, hasta un 70% de la misma (unos 30 millones de personas).

SPUTNIK

MADRID.- El plan de vacunación nacional aprobado por el Consejo de Ministros prevé distribuir la vacuna de modo gratuito en coordinación con las comunidades autónomas y garantizar el acceso prioritario de grupos de población de riesgo. Pero las reticencias de la opinión pública, inicialmente contraria a vacunarse, no preocupan. Por eso no es obligatoria.

A tal fin el Gobierno pretende adquirir el 10% de todas las dosis que la Comisión Europea tiene previsto comprar para la UE. Bruselas ya ha suscrito contratos con las farmacéuticas Pfizer-BionNTech, CureVac, AstraZeneca, Janssen, Moderna y Sanofi-GSK para proveerse de 1.225 millones de inyectables, más una reserva de otros 580 millones. Los ancianos que viven en residencias y sus cuidadores (el grupo más golpeado por la pandemia en marzo y abril) encabezarán el orden prioritario de vacunación. Los siguientes colectivos a vacunar serán los de las personas dependientes y el de médicos y enfermeros que tratan a pacientes con COVID-19, para así cortar posibles vías de transmisión.

En rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, el ministro de Sanidad, Salvador Illa, ha señalado que el suministro inicial de la vacuna entre enero y marzo de 2021 será muy limitado, y habrá de incrementarse progresivamente entre marzo y julio con tal de vacunar primero a los grupos prioritarios de población.

El Gobierno confía en el Sistema Nacional de Salud, que desde hace semanas está acometiendo la vacunación masiva frente a la gripe de los grupos de riesgo. En total, 14 millones de personas se han vacunado contra la gripe en apenas dos meses.

En principio, no obligatoria

Siguiendo el consejo de su comité de expertos, Salvador Illa descarta por el momento imponer la obligatoriedad de la vacuna. “Porque puede causar más rechazo que si se organiza de modo voluntario con una campaña de comunicación y formación de profesionales”, explica a Sputnik Jaime Jesús Pérez Martín, médico especialista en salud pública.

“La gente se va a vacunar mayoritariamente, por eso no es necesario su obligatoriedad”. Martín Pérez, que también es vocal en la junta directiva de la Asociación Española de Vacunología, subraya que España es un país “muy vacunador” y que su población suele vacunarse masivamente, en especial los niños, que cumplen a rajatabla el calendario de vacunación infantil.

Te puede interesar:   Un estudio de tomografías computarizadas revela cómo el coronavirus puede afectar los pulmones de un niño

No obstante, el Ejecutivo de Sánchez podría acudir a la base legal que al respecto puede otorgar la Constitución española para imponer la obligatoriedad atendiendo a razones de salud pública. Si el artículo 15 defiende “el derecho a la vida y a la integridad física y moral”, el 43 reconoce “el derecho a la protección de la salud” y establece que “corresponde a los poderes públicos organizar y tutelar la salud pública a través de medidas preventivas y de las prestaciones y servicios necesarios”.

El Ministerio de Sanidad confía en recibir las primeras dosis del antígeno de Pfizer-BioNTech a finales de año. Otro de los laboratorios con los que la UE ha suscrito acuerdos, la biotecnológica estadounidense Moderna, espera obtener 20 millones de dosis de su compuesto para finales de diciembre, y entre 500 y 1.000 millones a lo largo de 2021. En los centros de salud, los profesionales encargados de administrar las vacunas son las enfermeras. “No deja de ser una campaña de vacunación más, responsabilidad de la Atención Primaria”, explica a Sputnik María José García Alumbreros, portavoz y secretaria general técnica de SATSE, el principal sindicato de enfermería del país.

“Pero hay que reforzar las plantillas, porque no podemos abandonar otras tareas mientras se procede a vacunar a los primeros grupos. Hay comunidades que sí han aumentado los recursos de enfermería, con ampliación de horarios y días. Con la vacunación contra el COVID-19 seguiríamos sobrecargados, pero se trata de no añadir un exceso de carga más”.

Ante las dificultades en la distribución que puede plantear el antígeno de Pfizer-BioNTech, García afirma que el plan de vacunación debe prever tal contingencia, en este caso para dotar a los centros de salud de los medios necesarios para su almacenamiento. “El plan debe establecer la distribución, y en función de ella se hará un cálculo de necesidades y recursos”. En cualquier caso, desde SATSE avisan de que los centros de salud se sobrecargarían si la vacunación contra el COVID-19 comenzase antes de terminar la de la gripe. “Debería concluir antes y no solaparse en el tiempo”.

Te puede interesar:   Crisis de Perú: Renuncian 13 de los 18 ministros del gabinete de Manuel Merino

Aunque España adquirirá varias vacunas, en el horizonte más próximo la de Pfizer-BioNTech tal vez se perfile con mayor claridad, pues en enero todavía no habrá muchas más opciones disponibles.

“Los problemas logísticos que plantea tienen solución”, afirma Jaime Jesús Pérez. “El propio laboratorio va a preparar ‘cajas-termo’, no harán falta ultracongeladores. La caja aguantará hasta 15 días, básicamente cambiando el hielo seco. Y fuera de ahí, en los frigoríficos donde suelen estar las vacunas (entre +2 y +8 ºC) en los centros de salud, dura cinco días”.

El recelo de la población

De acuerdo con la última encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), el número de ciudadanos reacios a vacunarse contra el COVID-19 sigue aumentando y ya es mayoritario. Así se desprende del estudio de ámbito nacional realizado entre el 3 y el 12 de noviembre sobre una muestra de 3.853 entrevistas.

A la pregunta de “¿Estaría usted dispuesto a vacunarse inmediatamente cuando se tenga la vacuna?”, hasta un 47% de españoles se negaría a ponérsela, en contraste con el 36,8% que sí estaría dispuesto a hacerlo. La cifra de respuestas negativas es superior a los índices registrados en octubre (43,8%) y septiembre (40,8%). Es decir, casi siete puntos porcentuales más en apenas dos meses. Asimismo el CIS detecta una tendencia a la disminución del porcentaje de ciudadanos dispuestos a vacunarse, pues en octubre alcanzaba un 40%. Tal puede ser la expresión del temor ante los posibles efectos adversos.

“Es un poco complicado responder a una pregunta sobre la que no tienes información”, admite Jaime Jesús Pérez. “Es como si hubieran preguntado: ‘¿Te gusta el regalo que te voy a hacer en Navidad?’ Es una cuestión voluntarista”.

Otro dato intrigante es que tan solo el 1,4% de los encuestados afirma estar dispuesto a vacunarse una vez los preparados se hayan probado y haya garantías sobre su fiabilidad. Y esto sucede en un país que se distingue por sus altas tasas de vacunación.

Te puede interesar:   La ONU alerta que la pandemia del coronavirus amenaza al mundo con una hambruna "de proporciones bíblicas"

“Es una dualidad”, admite María José García, quien por un lado estima normal el recelo “ante una vacuna que no se ha utilizado nunca”. “Pero también hay unas expectativas muy grandes y se concibe como un paso para recuperar la normalidad”. Estas dudas contrastan con la gran acogida este año de la campaña de vacunación contra la gripe, todavía en curso y “de tradición histórica”. Ha experimentado una demanda mucho mayor que otros años, porque, como explica esta profesional, también sirve “para delimitar los circuitos de pacientes y garantizar la seguridad”. “El calendario se ha ampliado, incluso nos hemos quedado sin existencias en algunos puntos, que han tenido que reponerse”, asegura.

Para Pérez Martín los recelos que el CIS registra atienden a un problema de comunicación que se resolverá cuando las asociaciones médicas y científicas informen adecuadamente a los profesionales sanitarios. “Es una cuestión de formación de los profesionales e información a la población”. Y añade:

“Hay que tener en cuenta dónde se está informando ahora la gente, porque en las tertulias televisivas hay muchas personas opinando sobre vacunas que no tienen ni idea. Pero a la hora de la verdad, la gente se acaba informando mediante su médico o su enfermera”.

“La mayoría de la gente finalmente se vacunará. En las últimas campañas de vacunación, por ejemplo la del papiloma humano, también hubo polémicas al principio, pero al final más del 80% de las niñas que tienen en su calendario esta vacuna, se la ponen. Aquí, con una vacuna con datos de seguridad y eficacia buenos, inicialmente habrá personas que prefieran no vacunarse, pero cuando pase un par de meses y vean que no les pasa nada y no enferman, los reticentes se la acabarán poniendo”, concluye Pérez Martín, para quien no cabe hablar de influencia del movimiento antivacunas en este contexto, “porque, afortunadamente, tiene muy poco éxito en España”.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba