Panorama

Navidad con Justicia Independiente: la nueva consigna

UN ANALISIS/ Por Frank Núñez

Redacción/elCorreo.do
SANTO DOMINGO: Cada vez que se analiza el accidentado devenir histórico de la República Dominicana suele concluirse con un paralelismo, en el que en ocasiones se toman en cuenta circunstancias políticas que se produjeron en siglos diferentes, con personajes que debieron jugar papeles preponderantes en la coyuntura que les tocó intervenir.
Es así como se hacen comparaciones de las luchas entre Pedro Santana y Buenaventura Báez, Ulises Hereaux y Luperón, Juan Isidro Jimenes y Horacio Vásquez, primero, y luego este último con su primo Ramón Cáceres (Mon); Rafael Trujillo y Rafael Estrella Ureña, Joaquín Balaguer y Rafael Bonelly, Juan Bosch y Juan Isidro Jimenes Grullón, hasta llegar a las luchas internas del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), protagonizadas por Antonio Guzmán, Jacobo Majluta, Salvador Jorge Blanco y José Francisco Peña Gómez.
La rivalidad más reciente dentro de una organización política se produjo en los últimos años entre Leonel Fernández y Danillo Medina, en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), factor determinante en su derrota después de 16 años de gobierno, hasta el punto que ya desde muchos sectores se vaticina su peligro de extinción.
El paralelismo que observan actualmente los cronistas de la historia dominicana es el que compara a los sucesos que se produjeron en el país tras la caída de la dictadura de Trujillo de 31 años en el 1961 y la derrota del PLD en el 2020, debido a que las dos fechas encierran el fin de modelos gubernamentales, diferentes en la forma pero ambos obedientes al autoritarismo, lo que fue más que evidente en los último ocho años con Medina a la cabeza.
Se recuerda que el ex presidente Fernández llegó a calificar a Medina como “el Trujillo del siglo XXI”.
Los periódicos de diciembre de 1961 reseñan que ese año en pueblo cerró sus fiestas con la consigna de “Navidad con Libertad”. Este diciembre, la consigna del pueblo dominicano, en las calles y las redes sociales, que no existían en los días del fin de la dictadura, es “Navidad con justicia Independiente”, uno de los compromisos hechos al electorado por el flamante Presidente Luis Abinader.
!Navidad con Libertad!

Decapitada la dictadura la noche del 30 de mayo, con todo el poder en mano de los herederos del tirano Rafael Leónidas Trujillo Molina, contra los autores del magnicidio, sus familiares y relacionados se desató una atroz persecución con una tenaz cacería en las calles, además de cárceles, torturas e injurias públicas, y para cerrar el lúgubre corolario, el fusilamiento sumario de seis sobrevivientes de la acción heroica.

Desde la persona que ocupaba nominalmente la Presidencia de la República, el Presidente Joaquín Balaguer, hasta el más modesto ciudadano, nadie tenía “su cabeza segura” en el país, a pesar del inicio de actividades políticas en contra del régimen encabezadas por agrupaciones como Unión Cívica Nacional (UCN), Movimiento Revolucionario 14 de Junio, Partido Revolucionario Social Cristiano (PRSC) y Partido Revolucionario Dominicano (PRD), este último fundado en el exilio en 1939.

Una feroz e inhumana venganza fue la que desató la familia del dictador entronizada en el poder, en hechos de sangre dirigidos personalmente por el general Rafael Leónidas Trujillo hijo (Ramfis), jefe de Estado Mayor Conjunto de los organismos castrenses dominicanos.

Balaguer mismo refiere en sus Memorias que una sola palabra de un conjurado afirmando que tenía conocimiento del complot habría servido de pretexto para convertirle en otra víctima de los esbirros del régimen. “Mi principal misión debía consistir en convencer a la familia Trujillo sobre la necesidad de que se iniciase, en beneficio de todos, inclusive de ellos mismos, la apertura democrática reclamada por el país entero”, dice.

Te puede interesar:   El Abusador revela nombres de cómplices a agentes de EE.UU

En el libro Memorias de un Cortesano de la Era de Trujillo, el autor describe la resistencia del clan familiar a renunciar al poder omnímodo, con la sola excepción de Ramfis, quien, según asegura, le respaldó en su decisión de permitir el inicio de las manifestaciones democráticas de masas, con la reserva de que se hicieran pacíficamente.

La reacción popular fue, según Balaguer, como la de quien ha estado privada de libertad durante décadas y celebra con euforia el rompimiento de sus cadenas. “Las radios nacionales se desbordaron en ofensas a las autoridades y todo el resentimiento contenido durante tres décadas, reapareció con incontenible agresividad en las columnas de los diarios y en hojas sueltas que se distribuyeron abiertamente en la capital de la República y en todas las demás ciudades del país”.

El veterano gobernante se quejaba de que “no hubo epíteto, por virulento e injusto que fuera, que no se utilizara en esas diatribas, producto natural de un pueblo que por primera vez en 30 años se veía libre de mordazas y podía desahogar sus sentimientos sin temor a ser reprimido”.

De hecho el temor a ser reprimido todavía tenía asidero si se toma en cuenta que los remanentes de la dictadura seguían en el país con todo su poder. Más bien, el pueblo enardecido, sediento de libertad y decidido a luchar por una vida con mayor bienestar y dignidad humana, se exponía en las calles a riesgo de ser acribillado, como le tocó a muchos en esa ensangrentada etapa de la vida dominicana.

Llegada del PRD comenzó  a calentar la pista democrática

Una demostración de que el proceso democrático iniciado tras la muerte de Trujillo el 30 de mayo de 1961 era irreversible fue la llegada al país de la primera delegación del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), fundado en la Habana, Cuba en 1939 por el escritor y político Juan Bosch, junto a connotados antitrujillistas como los intelectuales Cotubanamá Dipp, Juan Isidro Jimenes Grullón y Virgilio Mainardi Reyna, entre otros.

La delegación perredeista estuvo integrada por Angel Miolán, Nicolás Silfa y Ramón Castillo, de reconocidas trayectorias en la lucha contra la dictadura, con una militancia forjada por las durezas y calamidades del exilio, con un poderoso adversario que extendía su mano hasta los diferentes países del hemisferio.

Los días 6 y 13 de agosto de 1961, la UCN celebró actos en La Romana y Puerto Plata en los que según Balaguer, se pronunciaron filípicas en las que “se pedía, entre otras cosas, la cabeza del Jefe de Estado, y se profetizaba el advenimiento de un nuevo régimen llamado a adecentar la República”.

El 16 de agosto del mismo años la UCN publicó en su periódico Unión Cívica, una carta dirigida al Presidente Balaguer en la que le exigía al gobierno la separación de las filas de las Fuerzas Armadas a un grupo de oficiales identificados con la comisión de crímenes y de represiones consideradas brutales contra la ciudadanía.

Te puede interesar:   Analista dice peledeístas temen el PRM repita lo de Puerto Plata y Cotuí; ve Leonel es su carta de salvación

“Esa exigencia abarcaba un conjunto de hombres que aún ejercían en las principales plazas militares del país, y muchos de los cuales eran conocidos por su mentalidad cerril y por su falsa creencia de que las armas les habían sido confiadas por la República, no para proteger a la sociedad sino para encerrarla en una camisa de fuerza”, comenta Balaguer en el libro citado, tildando las peticiones como inaplicables en ese momento.

La UCN, que nació como una entidad apartidista, terminó convertida en partido político, negando una promesa hecha por sus líderes, encabezados por el doctor Viriato Fiallo, al pueblo dominicano. En visita hecha al país el 17 de septiembre por una misión de la Organización de Estados Americanos (OEA), pidieron al organismo que mantuviera al gobierno las mismas sanciones impuestas durante la dictadura.

El 23 de septiembre, los líderes de la UCN concurrieron a una reunión en el Palacio Nacional en la que expusieron al gobierno su interés en que se celebraran elecciones libres en la fecha establecida por la Constitución, el 16 de mayo de 1962, como vía de transición pacífica a la democracia.

Mientras los dirigentes de oposición se reunían con los remanentes del régimen en decadencia, la población humilde que comenzó a manifestarse en las calles era reprimida, además de los cuerpos oficiales, por bandas de antisociales conocidas como “Los Paleros”, “Cocullos de la Cordillera”, “Los Jinetes del Este”, “La Legión Extranjera” y “La Reserva Civil”, con acciones que, según Balaguer, “escapaban al control de las autoridades civiles”.

El 2 de octubre, el Presidente Balaguer Compareció ante la ONU con un discurso en el que garantizó el compromiso de República Dominicana de establecer la democracia al tiempo que demandó el levantamiento de las sanciones impuestas al país en San José de Costa Rica por crímenes cometidos durante la dictadura trujillista.

Los “cívicos”, al comentar el discurso de Balaguer en su periódico, afirmaban lo siguiente: “sorprenden que haya brotado, sin encender el rubor en su conciencia, de la misma pluma que tantas mirras quemó en honor de la dictadura, y llena de estupor que haya sido hijo de la inteligencia que ha tratado, durante los últimos cuatro meses, de salvar del total derrumbamiento a la dictadura de la familia Trujillo”.

El 20 de octubre llegó al país el profesor Juan Bosch, asumiendo de inmediato el liderazgo del PRD. En un dramático discursos improvisado ante centenares de personas que le escuchaban por primera vez exhortó a los dominicanos a “matar el miedo y desterrar el odio que durante una generación se ha estado inoculando en el alma dominicana”.

Una fecha que debiera ser inolvidable para los dominicanos es el día 18 de noviembre de 1961, en la que se produjo la salida de Ramfis Trujillo y la expulsión del resto de la familia cercana del dictador. Antes de huir con destino a Europa, el heredero del tirano asesinó a seis sobrevivientes del magnicidio, en la Hacienda María.

Veinticuatro horas después de la huida de Ramfis, el general Pedro Rafael Rodríguez Echavarría, comandante de la Base Aérea de Santiago, hizo bombardear los cuarteles de San Isidro y exigió la retirada del territorio dominicano del generalísimo Héctor B. Trujillo Molina (Negro) y de sus demás familiares.

Te puede interesar:   ¿Incluirán las vacunas que compre el país a población de extranjeros indocumentados?

El 19 de noviembre se produce una reunión en el Palacio Nacional, en la que todavía podía divisarse en el fondo la fotografía del dictador Trujillo, entre el Presidente Balaguer, Negro Trujillo y Rodríguez Echavarría, con la participación del encargado de los asuntos de la Misión Diplomática de los Estados Unidos John Calvin Hill, definido por el gobernante como “una especie de Agente Secreto que se había distinguido en el desempeño de misiones difíciles en distintos países”.

“El tema que se puso en discusión fue el de la salida de todos los miembros de la familia Trujillo como único medio de evitar una guerra civil y de calmar los ánimos peligrosamente exaltados. El generalísimo Héctor B. Trujillo, después de varias horas de dramática expectación, accedió a abandonar el territorio dominicano, bajo la condición de que se pusiera a su orden la suma de un millón de dólares, y de que se le garantizara la conversión, varios días después, de 12 millones de pesos en moneda norteamericana, rememora Balaguer.

Mister Calvin Hill, de acuerdo con la misma versión, expuso que el gobierno de los Estados Unidos avalaría los compromisos que hicieran las autoridades dominicanas ante la solicitud del hermano menor del malogrado dictador. Otro hermano, José Arismendi Trujillo Molina (Petán), se mostró, junto a otros miembros de la familia, opuesto a la propuesta “pero al fin optaron por someterse a ella, con las mismas garantías, tanto del gobierno dominicano como del gobierno de los Estados Unidos”.

El 20 de noviembre de 1961 se recuerda como la fecha del retiro de la Familia Trujillo de la República Dominicana, luego se disolvió el Partido Dominicano, brazo político de la dictadura. Pero la UCN y demás agrupaciones no estaban todavía conformes y acuñaron entre las masas consignas como “Navidad sin Balaguer” y “Navidad con Libertad”.

El Consejo de Estado

La situación comenzó a tornarse insostenible para el gobierno que encabezaba el presidente titular Joaquín Balaguer tras el retiro de la familia Trujillo, mientras la oposición a su permanencia en el poder se volvía más radical, muy especialmente por la UCN.

El debilitado gobernante, en un último esfuerzo por hacer llevadera la gobernabilidad, por lo menos hasta la celebración de elecciones libres, propuso al Congreso Nacional un Proyecto de Reforma Constitucional para la composición de un Consejo de Estado de siete miembros que se encargara de dirigir el proceso democrático.

Aprobada la propuesta del Ejecutivo, el Consejo de Estado estuvo integrado junto al Presidente Balaguer, por los sobrevivientes del asesinato del dictador, Luis Amíama Tio y Antonio Imbert Barrera; licenciado Rafael F. Bonelly, doctor Eduardo Read Barreras, Mons. Eliseo Pérez Sánchez y el doctor Nicolás Pichardo.

El Consejo de Estado presidido por Balaguer sesionó hasta el 15 de enero de 1962, fecha en que un mitin multitudinario convocado por la UCN en el Parque Independencia terminó con varios muertos y heridos, incrementándose la presión popular contra el gobierno, provocando el asilo del gobernante de manera abrupta en la Nunciatura Apostólica de la Santa Sede, cuyo recinto está ubicado justamente al lado de la residencia del estadista derrocado, en la avenida Máximo Gómez número 25.

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba