Panorama

Los cambios del “Gobierno del cambio” afectan sensiblemente a los reporteros del Palacio Nacional

Redacción/elCorreo.do

SANTO DOMINGO: El matutino Listín Diario insertó en la edición de este sábado una crónica-queja de su reportera en el Palacio Nacional, Rosmey Méndez, en la que narra las vicisitudes que padecen los comunicados en su lugar de trabajo.

La queja se debe a que cada día a los reporteros de Palacio se les hace más difícil realizar su labor.

El en sótano

Durante varias presidencias, el espacio asignado a los reporteros palaciegos funcionó en la segunda planta de la sede presidencial, hasta que el director de Dicom en el pasado Gobierno, Roberto Rodríguez Marchena, decidió confinarlos en el primer nivel donde operan pocas oficinas y sólo los parqueos.

Aunque los corresponsales se quejaron, la decisión se mantuvo, se prohibió movilidad por las áreas de Palacio, y se anuló la llamada “Duarte con París”, un pasillo donde los comunicadores atrapaban funcionarios o visitantes importantes para obtener informaciones.

Los cambios han hecho de la labor periodística en el Palacio Nacional una lucha diaria por cazar alguna noticia importante.

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En la pasada administración quedaron confinados a la condición de simples repetidores de las conferencias de Marchena en la sala de prensa “Orlando Martínez”, habilitada en el lugar donde por muchos años funcionó la antigua Dirección General de Información, Prensa y Publicidad de la Presidencia de la República.

El texto de la nota de Rosmery, titulada “El Palacio tiene sus puertas cerradas”, es el siguiente:

“Las puertas están cerradas en el Palacio Nacional. Las actividades se realizan con mucho sigilo para que nadie se dé cuenta de lo que pasa. Los periodistas que cubrimos la fuente informativa de Palacio Nacional nos enteramos de las actividades en la Casa de Gobierno por terceros, aunque pasamos el día en el lugar.

Las paredes escuchan, dice un viejo adagio, pero que bien cae perfecto a lo que pasa en el Palacio, ya que gracias a estas es que los periodistas pueden enterarse de las cosas que ocurren.

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Es costumbre que las agendas de los presidentes se envíen con antelación, ya que los medios tienen que coordinar en caso de que haya un viaje al interior del país, a fin de alistar vehículos y, en muchas ocasiones, hospedaje.

Sirve citar un ejemplo: el pasado jueves el presidente Luis Abinader acudió al primer picazo de la plaza comercial Paseo 27, y la agenda con la información del evento nos llegó media hora antes, lo que hace que los periodistas tengan que ir a alta velocidad para llegar antes que el mandatario.

Otro de los inconvenientes a los que nos hemos tenido que enfrentar sucedió la semana pasada: la vicepresidenta Raquel Peña tenía un encuentro donde recibiría la donación de unos medicamentos.

Estando desde temprano en el Palacio Nacional, los periodistas fueron invitados cuando se terminaba el encuentro y al llegar se nos preguntó quién nos había invitado.

El hecho más reciente se produjo este viernes, cuando mediante rumores se “regó” la información de que el presidente iría a Samaná a la inauguración del alcantarillado de Las Terrenas.

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Nadie nos pudo confirmar la noticia y más tarde, la Dirección de Información y Prensa de la Presidencia envió una comunicación para decir que sería este lunes cuando Luis Abinader irá a esa inauguración. Sin embargo, no se especifica la hora por lo que hasta este momento es un misterio el momento exacto en el que el presidente llegará a Samaná.

Preguntamos y nadie sabe nada, se nos impide que caminemos por los pasillos en busca de información ya que no nos la facilitan. Todas las actividades son privadas y la prensa no tiene acceso a las reuniones que se producen entre los funcionarios.

Esas y otras situaciones hacen que se dificulte la cobertura de los actos en donde participen los altos mandos del Poder Ejecutivo y que a la vez no lleguen de manera adecuada a la población”.

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