Perspectiva

Lo real maravilloso retorna a la frontera

Por Frank Núñez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Una semana después de que un ex alcalde de Puerto Príncipe, acompañado de un ex gobernador haitiano y dos oficiales de policía  fueran apresados en la frontera con Dajabón, tras penetrar al territorio dominicano armados y de manera irregular, dos técnicos cinematográficos criollos fueron secuestrados por delincuentes en la capital haitiana, pese a que de acuerdo con cables de prensa extranjera estaban escoltados por agentes oficiales de seguridad.

Quien esto escribe debió cubrir como reportero de los periódicos El Caribe, El Siglo,  Ultima Hora,  y más recientemente como miembro del equipo de El Informe, de la cadena SIN, incidentes políticos haitianos, además de hechos catastróficos como el terremoto, del 2010, y el huracán Matheus, del 2017, por lo que conocemos la peligrosidad en que transcurre la vida en la empobrecida nación, que parece tomar un grado superlativo cuando de ciudadanos dominicanos se trata.

Corría el año 1987. Era mayor del ejército el después famoso general Pedro de Jesús Candelier Tejada, entonces comandante provincial, cuando un grupo de bisoños periodistas logró pasar la frontera por la ciudad sureña de Pedernales, como una forma de introducirse en el conocimiento de las tensiones que se vivían en la zona, además de captar las diferencias infraestructurales entre el pobladito haitiano de Ansapitre con el municipio cabecera de la provincia que hoy parece encaminarse a un nuevo polo turístico.

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Desde un primer momento se palpa la inseguridad del otro lado de la frontera, lo que ha ido en aumento con los años, en la medida que la nación haitiana fracasa en la salida institucional a sus graves problemas económicos, políticos y sociales.

Esta vez el secuestro de los hermanos técnicos cinematográficos Michael Enrique y Antonio Gerer Campusano  Féliz  se produjo pese a ser escoltados por agentes de seguridad del gobierno haitiano. Nos llegó a la memoria cuando como parte de la delegación  dominicana que acudió a los actos de juramentación del presidente René Preval, en enero de 1996, una banda conocida como “los Mau-Mau” confundió al entonces teniente coronel del Ejército Nacional dominicano, Carlos Luciano Díaz Morfa, con el derrocado dictador haitiano Raúl Cedrás, aprieto del que se logró escapar sin mayores problemas por la cercanía con la puerta principal del Palacio Nacional, hoy en ruinas desde el terremoto, hace once años.

Lo más frecuente en Puerto Príncipe es que los periodistas y otros trabajadores de la comunicación y el cine trabajen con escoltas militares, debido a que la delincuencia callejera no da tregua. Con el terremoto, los reporteros que llegamos a pocas horas del siniestro que destruyó la ciudad y dejó más de 300 mil muertos, fuimos conminados a integrarnos a un comboy acordonado por las tropas de la Organización de las Naciones Unidas, mayoritariamente norteamericanas,  que mantenían intervenido al país. Previamente, todo el mundo tuvo que vacunarse contra la malaria, el tétano,  la influenza y el paludismo, que azotaban la población  junto al dengue, que todavía no tiene el antídoto.

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Nadie duda que Haití es peligrosamente pintoresco. El extraordinario cubano Alejo Carpentier recreó su asombro sobre la hermana nación en su novela El reino de este mundo, mientras el premio Nobel peruano Mario Vargas Llosa todavía parece no explicarse el fenómeno de La Frontera. El colombiano Gabriel García Márquez, ganador del Nobel antes que el autor de La Fiesta del chivo, murió sin conocer Haití, porque, según narra en sus memorias Vivir para contarla, fue convencido por sus amigos de que no lo visitara porque supuestamente corría el riesgo de no retornar, por el embrujo de su realismo mágico.

Ahora se han producido, en solo dos semanas, el secuestro de los técnicos cinematográficos dominicanos, del otro lado, y de este,  la detención del ex alcalde de Puerto Príncipe, Youry Chevry Ralph, junto al ex gobernador Wenson Pierre, de la comunidad haitiana de Sacalasou, además del policía haitiano Wlquenesonnt Despiense. Los detenidos se autoproclaman perseguidos políticos del presidente  Jovenel Moise, cuya renuncia es pedida por manifestantes desde hace varias semanas. Su único problema es que al ser apresados en Dajabón se encontraban armados y sin las debidas autorizaciones para su ingreso al territorio nacional.

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La coincidencia de los secuestrados en Haití y los detenidos en República Dominicana, podría crear las condiciones para una salida negociada, de manera que todos retornen a sus países de origen, sin derramamiento de sangre, lo que alimentaría aún más el universo de leyendas que constituyen lo real maravilloso, cuya temática contribuyó con la gran novela latinoamericana de todos los tiempos.

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