Perspectiva

Lo del PLD amerita un estudio a profundidad

Por Frank Núñez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: La metodología de la investigación científica recomienda que los casos de características tan particulares que los hacen ver diferentes a la generalidad, deben estudiarse de manera especial. Son los llamados “estudios de caso”.

Que un individuo criado en un ambiente sano, en todo el término de la palabra, resulte dañado, física y moralmente, mientras todos sus compañeros muestren lo contrario, debe plantear una hipótesis al investigador que lo lleve a establecer las causas de la diferencia.

Lo ocurrido en los últimos años con el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), fundado por Juan Bosch en 1973 como un modelo de organización, moralidad y patriotismo, es uno de esos fenómenos que ameritan un estudio que debe ir más allá de los debates políticos de coyuntura, por el efecto que su declive espectacular provoca en toda la sociedad.

Resultaría muy simplista comparar la bancarrota política y moral del PLD con la de sus otrora competidores Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), debido a que si bien es cierto que esas agrupaciones identificadas con la socialdemocracia y el socialcristianismo se fueron desgastando con el tiempo, lo del PLD amenaza con ser de “muerte súbita”.

El PRD y el PRSC, que nunca alardearon de ninguna ortodoxia ideológica ni de progresistas a ultranza, hasta incluirse en la izquierda leninista, pasaron por el poder sin que ninguna figura de prestigio político, intelectual o social llegara a definirlos como una “asociación de malhechores”, expresión que toma cuerpo en todos los estratos de la vida nacional.

Hubo funcionarios corruptos de esos partidos, pero siempre, hasta en medio de las más encendidas polémicas, se evitaba caer en generalizaciones.

Los líderes históricos del PRD y el PRSC, José Francisco Peña Gómez y Joaquín Balaguer, murieron sin dejar fortuna. Los perredeistas Antonio Guzmán, Jacobo Majluta y Salvador Jorge Blanco, quienes llegaron a ser presidentes de la República, fueron denunciados por el PLD en álbumes de corrupción por acciones que, comparadas con las que hoy se les atribuyen a los ex funcionarios peledeistas,  se reducen a juego de muchachos.

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El propio Jorge Blanco fue condenado a 20 años de prisión por corrupto y todavía nadie ha mostrado la cuenta millonaria. Lo que es todavía más aleccionador, ninguno de los parientes de esos dirigentes de los llamados “partidos del sistema” fue jamás acusado de crear “un entramado de corrupción”, como se le imputa ahora a un hermano del ex presidente peledeista Danilo Medina.

Lo más grave del cuadro de putrefacción que afecta al partido morado es que, además de que la corrupción que se le atribuye es “tan grande que hasta Dios la ve”, como dice el pueblo, en su fila no aparece una figura con solvencia moral para establecer la diferencia. Su liderazgo, desde el ex presidente Medina, su ex candidato presidencial Gonzalo Castillo, su presidente interino Temístocles Montás hasta su director de Ética Gubernamental, Lidio Cadet, cada vez que hablan lo que hacen es provocar el avispero  de la indignación ciudadana.

El PLD y los riesgos del poder absoluto

La frase acuñada por George Washington plantea: “todo poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente”. El partido de la bandera morada y la estrella amarilla disfrutó a su retorno al poder en el 2004 de poder navegar sin oposición debido al descrédito con que fue sacado del Gobierno el PRD, con Hipólito Mejía a la cabeza, dejando al país quebrado, sin crédito internacional y la frustración de un pueblo que vio caer en cuatro años su calidad de vida.

No le fue difícil al PLD mantener el poder, primero en los ocho años de Leonel Fernández y luego y luego ocho de Medina, por el trauma dejado en la población por el Gobierno desastroso de Mejía. El PRD terminó dividido, quedando bajo el dominio de su actual presidente Miguel Vargas, convertido en aliado del danilismo peledeista.

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Tanto su dirigencia, como su militancia y simpatizantes, se trasladaron al nuevo Partido Revolucionario Moderno (PRM), hoy gobernante.

La situación surgida a partir del 2012, cuando Medina ganó la presidencia por primera vez, convirtió al PRD y al PRSC en partidos “bisagra”, lo que al parecer hizo pensar al sector gobernante del PLD que su hegemonía sería para la eternidad. En el 2016 Medina logró reelegirse después de modificar la Constitución que prohibía la reelección consecutiva, lo que trató de hacer nuevamente en el 2020, cayendo vencido por la oposición interna en su propio partido y las influencias indiscutibles del poder imperial.

Pero Medina estaba tan convencido de que el PLD era invencible, que impuso un penco candidato por encima del líder natural de la organización, Leonel Fernández, quien con sobradas evidencias de que fue víctima de un fraude en las primarias del 6 de octubre se retiró del viejo partido para fundar la Fuerza del Pueblo, que para las encuestas más prestigiosas se ha convertido en la primera fuerza opositora.

Lo que vino después

Sellada la división del PLD, vino el fracaso de la anulación de las elecciones municipales del 15 de febrero por problemas técnicos en la Junta Central Electoral, estigma que fue cargado a su cuenta. Las protestas a partir de ahí contribuyeron a su derrota en las mismas votaciones prorrogadas para el 15 de marzo, con el tiro de gracia del 5 de julio donde el candidato Luis Abinader del PRM se impuso en primera vuelta al candidato del danilismo peledeista.

Los fracasos del PLD son cada día más graves, con una estampida de dirigentes que se van pasando a la Fuerza del Pueblo de Fernández, hasta el punto de que de los seis senadores ganados en los comicios solo le quedan tres. De un partido que ente los dominicanos llegó a proyectarse como el orgullo de la clase política dominicana, hoy en la calle la gente se avergüenza de que le digan “peledeista”.

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El esfuerzo que parece dirigir el PLD a que en la población se vea la persecución a sus ex funcionarios y testaferros como una cuestión política evidencia otro fracaso, a juzgar por el respaldo que se observa a la lucha anticorrupción en las encuestas y las redes sociales.

Algo sin precedentes en la historia política dominicana tras la caída de la dictadura: dos hermanos del ex presidente Medina, líder de lo que queda del PLD, se encuentran tas de la reja como parte de la operación Antipulpo, por desfalco de miles de millones de pesos contra el Estado.

Las palabras del ex presidente Medina en el sepelio de César Prieto, dirigente del PLD que prefirió poner fin a su vida en medio del ambiente desolador que abate a su partido, han confirmado el criterio de que la situación de esa entidad debe ser estudiada con rigor científico. La validación del suicidio como salida ante el descrédito social ha sido motivo de preocupación por los profesionales de la salud mental. De acuerdo al otrora desafiante jefe de Estado, un hombre de la calidad de Prieto no podía soportar que dondequiera que llegara escuchara decir: “miren ahí uno de los ladrones del PLD”. Quien se lo iba a decir a don Juan Bosch, un moralista que, lo mismo que la expresión atribuida a Carlos Marx por la conducta de sus discípulos, diría: “sembré dragones y coseché pulgas”.

Definitivamente, lo ocurrido con el PLD amerita “un estudio de caso”, porque no se conoce una caía tan vertiginosa de un partido político, fenómeno que por el comportamiento que observamos en su dirigencia, parece haberla dejado anonadada y sin una idea clara del proceso que vive su organización, la sociedad dominicana y el contexto político internacional.

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