Frank NuñezPerspectiva

Lecciones de las elecciones

Por Frank Núñez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Un proceso electoral no se reduce al deber ciudadano de escoger las autoridades que deben gobernar a un pueblo por un período determinado, en el caso dominicano por un cuatrienio. Las elecciones son también un laboratorio para establecer cuáles son las metas y expectativas de una sociedad, en un mundo donde los esquemas cambian de manera asombrosa, dejando muchas veces desactualizados hasta a los mismos competidores en las luchas por el poder político. Y son una catarsis para la psicología social.

Con la holgada victoria de la reelección se reitera la calidad científica de las encuestas que siempre han sido creíbles en el país, ya que todas colocaban al candidato ganador para obtener el triunfo en primera vuelta por encima del 56 por ciento. Las peregrinas que hablaron de una supuesta segunda vuelta, como como fue el caso de una tal Global Trend Research, que aseguraba que Luis Abinader apenas llegaría a un 45.9 por ciento en primera vuelta, con un 34. 8 de Leonel Fernández y un 13.8 por ciento de Abel Martínez.

Deben ser reconocidas las firmas encuestadoras que pronosticaron una solución en primera vuelta, como Gallup, Centro Económico del Cibao, ABC Marketing, Panorama, Greenberg, Mark Penn, RD Elige, ACD Media y Markestrategia.

Las elecciones son pruebas auténticas a las que se someten los gobernantes y aspirantes a gobernar, en las que los votantes a través de las urnas ponen la puntuación que entienden merece todo aquel que se somete al escrutinio de los empadronados. Esta vez, los dominicanos, que le otorgaron un 53 por ciento a Luis Abinader en el 2020, le subieron la nota este 2024 con un 58. Esto, sencillamente, quiere decir que el pueblo aprobó convincentemente su estilo de gobernar.

Los dominicanos valoran también el comportamiento de los competidores que no resultaron gananciosos, como fue el caso del expresidente Leonel Fernández, de la Fuerza del Pueblo (FUPU) y Abel Martínez, del Partido de la Liberación Dominicana (PLD), quienes reconocieron desde el primer boletín la victoria del triunfante candidato Abinader, del gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM).

Mientras la comunidad pensante de la República Dominicana reconoce los avances de la democracia, resaltando el trabajo encomiable de la Junta Central Electoral (JCE), deplora la actitud mezquina del dirigente religioso Ezequiel Molina Rosario, quien horas antes de las elecciones acusó al gobierno de su país de votar en contra de Israel y colocase del lado del terrorismo, por el simple hecho de reiterar lo que ha sido una política de Estado, al respaldar que Palestina esté representada en la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Quien esto escribe nació y se crio en el seno de una familia evangélica, por lo que siempre le ha guardado respeto y admiración al pueblo de Israel, pero de verdad que sufrí la vergüenza ajena cuando vimos en las redes las declaraciones del predicador Ezequiel Molina Rosario, las cuales, de seguro, tuvieron un impacto en amplios sectores de la población cristiana, sobre todo entre los más incautos.

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El falso profeta Ezequiel, diferente al que descubrió El Valle de los Huesos Secos en el Antiguo Testamento, culpó al presidente y candidato Abinader, de una supuesta inconducta en la que han sido coherentes todos los gobiernos dominicanos desde Trujillo hasta ahora, al plantear que el mismo derecho que tiene Israel de tener un Estado independiente lo tiene Palestina. Palestina no es Hamas, el grupo terrorista que ha provocado los enfrentamientos en la Franja de Gaza, en perjuicio de Israel y de Palestina.

República Dominicana lo que siempre ha procurado es la paz en Medio Oriente, y hasta en los gobiernos recientes de Leonel Fernández y Danilo Medina, ambos preferidos del religioso, votaron por la participación de Palestina en la ONU, con las mismas condiciones de Israel. Mientras las infamias de Molina Rosario todavía no habían sido retiradas de las redes sociales, funcionarios israelíes y dominicanos conversaban sobre proyectos comunes por el bien de sus naciones.

El adalid de “la Batalla de la Fe” ni siquiera le dio importancia al número de verdaderos líderes evangélicos, como el pastor Dío Astacio, alcalde de Santo Domingo Este y la pastora Altagracia de los Santos, de la misma zona, observaron entristecidos la acción confusionista de una persona, llamada a ser ejemplo de las nuevas generaciones.

Las elecciones del pasado domingo indican que la oposición en República Dominicana actuó con esquemas superados, por lo que tiene que revisar profundamente su discurso. Esa debilidad la señalamos por aquí desde hace más de dos años. Abinader impuso un nuevo estilo de gobernar que debiera ser el modelo a seguir, independientemente del partido al que pertenezca el aspirante a gobernar. Pero lo que está claro que es cierto, que más de un religioso dominicano, ha perdido la batalla de una fe que se confabula con las leyes mercadológica de la oferta y la demanda.

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