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Intento de diálogo a escondidas alborota las cacerolas y tumba conversaciones

Redacción/El Correo

El fracaso de la primera sesión del diálogo convocado para la tarde de este miércoles por el Consejo Económico Social (CES) pone de manifiesto la necesidad de que los dirigentes políticos y de los llamados poderes fácticos asimilen la nueva realidad que prevalece en la República Dominicana a partir del empoderamiento de actores que estuvieron relegados a la mera condición de espectadores.

Tales el caso de la representación de los grupos de jóvenes que durante más de una semana mantuvieron tomada la Plaza de la Bandera en reclamo de explicaciones al colapso electoral del pasado febrero y en demanda de mayores espacios de democracia y en defensa de la institucionalidad.

Precisamente fueron estos jóvenes quienes acudieron a la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra a reclamar estar representados en el diálogo que busca resolver la crisis post desplome electoral, cuyo derecho a ser convocados fue reivindicado por el ex presidente Leonel Fernández en un discurso a la nación la noche del martes.

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Fernández, quien objetó que el diálogo fuese dirigido por el CES, reclamó que los jóvenes estuvieran en la mesa de conversaciones por haberse ganado ese derecho a demostrar su poder de convocatoria a las manifestaciones pacíficas y ordenadas de la Plaza de la Bandera.

Sin embargo, aunque se dio la apariencia de reconocerles ese derecho, los jóvenes fueron convocados de manera oficiosa este mismo miércoles, al parecer de forma apresurada luego de la alocución del ex presidente.

En efecto, según declaró Paloma Rodríguez, una de las caras más conocidas de “los muchachos de la plaza”, se les convocó mediante una comunicación en la cual no se detallaban temas ni nada formal, lo cual ella consideró como un intento de exclusión al cual no se van a prestar.

Rodríguez habló luego de que se abortara el diálogo y en momentos en que decenas de personas a las afueras de la Universidad sonaran cacerolas vacías, uno de los métodos que en las últimas semanas ha puesto en jaque al Gobierno y al Partido de la Liberación Dominicana.

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Los cacerolazos ahogaban incluso las declaraciones que ofrecían los dirigentes políticos participantes en el fallido encuentro, por un lado los peledeístas a la cabeza de Temístocles Montás, y por el otro el presidente del Partido Revolucionario Moderno, José Ignacio Paliza.

Montás alegó sobre la supuesta intención de la oposición de boicotear las elecciones, mientras Paliza reclamó que al diálogo se acudió sin una agenda previa.

Los jóvenes reclaman que las conversaciones sean públicas, con transmisión televisada si fuese posible, ya que no están dispuestos a participar en un diálogo a escondidas sino que sea de cara al país.

         

 

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