Salud

Hidatidosis: la enfermedad transmitida por animales que es endémica en Sudamérica

Más de un millón de personas están infectadas de hidatidosis en el mundo, la enfermedad parasitaria transmitida por animales que es endémica en América del Sur.

SPUTNIK

MOSCÚ.- ¿De qué se trata, cómo se transmite y cuán grave es esta zoonosis que puede provocar la muerte? Sputnik habló con Paula Caruso, antropóloga especialista en el tema.

El problema de la hidatidosis en buena parte de América del Sur no es asunto nuevo. Especialmente en aquellas áreas donde se cría ganado ovino en abundancia, como Argentina —particularmente la Patagonia—, el sur de Brasil, Chile, Perú y Uruguay, los especialistas han seguido de cerca el fenómeno de esta enfermedad parasitaria que ha sido calificada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS) como endemia en el continente.

De hecho, en estos territorios, las tasas de incidencia de la hidatidosis en el ser humano puede alcanzar a más de 50 por cada 100.000 personas al año, y hasta entre un 5% y 10% de prevalencia en las zonas más críticas de Argentina, y también en África Oriental, Asia Central y China, asegura la OPS. “En cualquier momento dado, hay más de 1 millón de personas afectadas” por hidatidosis, añade.

A pesar de esas cifras, de la hidatidosis “se habla poco”, aseguró a Sputnik la antropóloga argentina Paula Caruso, quien se ha dedicado a estudiar los aspectos culturales de la enfermedad y la situación en el territorio, en particular en la Patagonia.

¿Qué es y cómo se transmite la hidatidosis?

A esta enfermedad se la conoce por varios nombres, tales como hidatidosis, equinococosis quística, o quiste hidatídico. En humanos se transmite a través de los huevos del parásito Echinococcus granulosus, en general a través del contacto con perros contaminados previamente con carne ovina.

El proceso convencional de contagio se da, en general, de una oveja que ingiere los huevos de dicho parásito, y cuya carne se le da luego de comer a perros, lo que lleva, eventualmente, al contagio humano, según explica.

De hecho, en estos territorios, las tasas de incidencia de la hidatidosis en el ser humano puede alcanzar a más de 50 por cada 100.000 personas al año, y hasta entre un 5% y 10% de prevalencia en las zonas más críticas de Argentina, y también en África Oriental, Asia Central y China, asegura la OPS. “En cualquier momento dado, hay más de 1 millón de personas afectadas” por hidatidosis, añade.

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A pesar de esas cifras, de la hidatidosis “se habla poco”, aseguró a Sputnik la antropóloga argentina Paula Caruso, quien se ha dedicado a estudiar los aspectos culturales de la enfermedad y la situación en el territorio, en particular en la Patagonia.

¿Qué es y cómo se transmite la hidatidosis?

A esta enfermedad se la conoce por varios nombres, tales como hidatidosis, equinococosis quística, o quiste hidatídico. En humanos se transmite a través de los huevos del parásito Echinococcus granulosus, en general a través del contacto con perros contaminados previamente con carne ovina.

El proceso convencional de contagio se da, en general, de una oveja que ingiere los huevos de dicho parásito, y cuya carne se le da luego de comer a perros, lo que lleva, eventualmente, al contagio humano, según explica.

“Es un problema también de la salud ambiental, porque los huevos están en el suelo o el agua, eso se lo come el ganado (ovejas, y en menor casos bovinos y cerdos) y ahí anida el parásito en el hígado o los pulmones. Viene el paisano, le da las vísceras de la oveja de comer a los perros, y el perro digiere la larva del parásito en el hígado, donde tiene una enzima que permite su reproducción”, ilustra. El proceso culmina una vez reproducido el parásito y expulsado por el perro a través del excremento que, en contacto con los seres humanos, genera el contagio.

El principal peligro de esta zoonosis —enfermedad transmitida a los humanos a través de los animales— es que se desarrolla en forma de quistes, a menudo en el hígado y los pulmones y, de forma menos frecuente, también en huesos, riñones, hígado, bazo, músculos, ojos y hasta el cerebro.

Como el periodo asintomático puede durar años, y los quistes pueden pasar desapercibidos durante mucho tiempo, su tamaño puede crecer sin que quien lo sufre se percate de ello, y puede ocasionar daños graves, entre ellos la muerte. Aun así, Caruso asegura que el índice de mortalidad es bajo, de un 10% aproximadamente, y que la gravedad radica más en el alto número de contagios que hay. Aclara, también, que la hidatidosis no se transmite de un ser humano a otro.

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Los síntomas, cuando aparecen, pueden variar según el sitio donde se esté desarrollando o haya desarrollado el quiste: tos crónica y dolor torácico si está en los pulmones; vómitos, náuseas y dolor abdominal en caso de encontrarse en el hígado. Entre los síntomas inespecíficos se encuentra la pérdida de peso y la sensación de debilidad, precisa la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Los animales pueden tener otros tipos de equinococosis transmitidos por otros parásitos, pero estos no afectan a los seres humanos. Además de la equinococosis quística, las personas también se pueden contagiar de equinococosis alveolar, pero se trata de una enfermedad rara —que afecta a un número reducido de personas a nivel mundial—.

Equinococosis: una problemática cultural

La Patagonia argentina “es donde más persiste porque el clima frío y seco es ideal” para el parásito, asegura la antropóloga. En ese tipo de territorios, los huevos Echinococcus pueden vivir 240 días, la máxima cantidad que alcanza este parásito.

Por ello, en Argentina se han incentivado políticas públicas de difusión de información respecto a la hidatidosis así como campañas de desparasitación de ovejas y perros. Incluso, el proceso de transmisión de la equinococosis quística forma parte de la currícula escolar.

A pesar de esto, resolver el problema de la endemia en el país se hace sumamente difícil, especialmente porque se trata de una problemática también cultural, subraya Caruso, cuya tesis de maestría en Políticas Ambientales y Territoriales de la Universidad de Buenos Aires (UBA), trabajo en proceso, también aborda la equinococosis.

Durante las entrevistas que hizo a trabajadores rurales acerca de la hidatidosis para su tesis de grado, les preguntaba “¿Usted sabe cómo se transmite? Y contestaban, ‘Sí, vieja, yo le cuento’. Y lo sabían mejor que yo”.

Por un lado, para comprender en profundidad el fenómeno, y especialmente el elemento cultural, subraya que lo que no puede olvidarse es que “la hidatidosis normalmente se la contagian los más pobres”.

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Es una práctica histórica del ámbito rural alimentar a los perros con vísceras del ganado —en buena parte de los casos es el único alimento que la gente tiene para darles, dice Caruso—, y para desparasitarlas lo que sería preciso es hervirlas. Para ello se necesita leña, y en muchas de estas áreas casi no hay. “Tenés que elegir si usar la leña para aguantar el invierno o para hervir las vísceras”, señala, y sostiene que la respuesta, naturalmente, va a ser la primera.

“La hidatidosis constituye un problema sanitario, pero trasciende esta dimensión. Para las poblaciones locales, padecer o haber padecido esta enfermedad hace una diferencia en lo que refiere a la reproducción de las condiciones de vida y el acceso a ciertos recursos”, reza uno de sus artículos, titulado “De la percepción social a los territorios de la hidatidosis en la IV Zona Sanitaria, provincia de Rio Negro”.

Allí se subraya que, tras las secuelas de los quistes en el cuerpo, los trabajadores rurales —en general los más afectados—, tienen como consecuencia “limitaciones en el acceso a algunos empleos temporarios o el abandono de actividades que demandan esfuerzo físico”, actividades que “muchas veces son la principal fuente de subsistencia de las personas que viven en zonas donde la hidatidosis es endémica”.

Aunque en algunas provincias como Río Negro (centro de la Patagonia argentina) se han visto reducido el número de casos durante los últimos años, la erradicación de la enfermedad es, por lo menos en el corto plazo, inviable, puntualiza la especialista.

En este sentido, reitera que para ello es preciso un cambio cultural que, paradójicamente, se contradicen con las condiciones materiales de las poblaciones más afectadas.

Solo cuando una persona contrae la enfermedad, y vive lo que es suele cambiar sus prácticas, dice, porque “es totalmente distinto saber que tomar conciencia de, porque la padeciste”.

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