Panorama

Gedeón Santos sostiene que Leonel Fernández es el primer estadista consumado del siglo XXI en RD

El ex-embajador dominicano en la Organización de los Estados Americanos (OEA), Gedeón Santos, publicó un artículo este martes en el cual analiza la compleja encrucijada que afronta la República Dominicana con la crisis del Covid-19.

Santos pondera que tras los procesos de transición democrática de Joaquín Balaguer a Leonel Fernández y de la post-guerra fría a la globalización, el candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo es “el primer estadista consumado del siglo XXI de nuestro país”.

El político produce su análisis en medio del debate sobre cuáles son las cualidades del gobernante que debe dirigir la nación tras las elecciones del cinco de julio próximo.
Asimismo, resaltó que mientras otras naciones sucumbieron económicamente a la crisis financiera internacional del 2008, el gobierno que encabezó Fernández hizo de esa encrucijada una oportunidad para propiciar el crecimiento económico mediante una política de expansión de gasto público que permitió mantener los sectores productos dominicanos en dinamismo.

Subrayó que como buen estadista, Leonel Fernández supo “mantener la cohesión del gobierno, la unidad de su partido y el equilibrio de la nación”.

“Tuvo la entereza democrática de legarnos una Constitución que trascendiera la coyuntura y los intereses del momento”, adujo.

Por considerarlo de interés para el debate público, Elcorreo.do reproduce el análisis escrito en Listín Diario por el embajador dominicano en la Organización de los Estados Americanos (OEA).

El arte de manejar dos profundas crisis y dos transiciones

La República Do­minicana está en una compleja transición al de­sarrollo, en un momento en el que la hu­manidad es estremecida por una pandemia cuyas conse­cuencias podrían ser catas­tróficas para nuestro país. Ese desafío junto a los no re­sueltos problemas del sub­desarrollo, de seguro de­mandará de líderes que sean capaces de comprender, en­frentar y superar las comple­jidades que nos trae el siglo XXI. Ya en el pasado recien­te nuestro país tuvo que en­frentar dos profundas crisis y dos transiciones que gracias a la calidad del liderazgo, pudimos salir airosos. Por lo que de cara a los procesos presentes y por venir resul­taría beneficioso escudriñar nuestra historia contempo­ránea para que nos arroje luz en un momento en el que estamos abocados a decidir la suerte del país.

El primer gran desafío de nuestra historia reciente fue superar la era del doctor Joa­quín Balaguer e iniciar la nue­va etapa dominada por el Partido de la Liberación Do­minicana. El éxito en manejar una etapa de transición con­siste en saber administrar, sin mayores traumas, el cierre de un ciclo histórico y la apertura y construcción de uno nuevo, así como en saber conciliar los intereses de lo viejo que se re­siste a morir, con las aspiracio­nes de lo nuevo que presiona por nacer.

Así, gracias a los cambios y a las transformaciones he­chas, logramos pasar: del pre-modernismo a la moder­nización, del aislacionismo a la integración, de la era de los desequilibrios a la estabilidad, del crecimiento inconsistente al crecimiento sostenido, del estancamiento democrático a las reformas institucionales, de servicios públicos precarios a la modernización del Esta­do, etc. Es decir, el proyecto de transición representó una nueva visión del Estado, de la democracia y del desarrollo.

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La transición a la post guerra fría y a la globalización

Todo lo anterior impulsado por los más fascinantes cam­bios tecnológicos conocidos por la humanidad. Todo es­to hizo que el liderazgo de la transición tuviera que enfren­tar problemas nuevos como la interdependencia, la cri­sis de los nacionalismos, nue­vos paradigmas económicos, nuevos medios y formas de comunicación, nuevos recla­mos medioambientales, nue­vas demandas sociales, nue­vos desafíos institucionales y nuevos paradigmas políticos e ideológicos. Todos lo anterior en medio de las convulsiones de un cambio de fin de siglo.

La superación de la crisis del 2003

La del 2003 fue una crisis fi­nanciera a la que se superpuso una crisis de confianza genera­lizada. Esta crisis hizo retroce­der todos los índices que mar­can la salud de una economía y una sociedad: inflación, de­valuación monetaria, caída del crecimiento, caída del PIB per cápita, retroceso en la inver­sión, aumento del desempleo, caída del consumo, aumento de la inseguridad ciudadana, aumento de la pobreza y dete­rioro de todos los marcadores sociales. Luego de importantes avances, nuestro país retroce­dió casi a los niveles de los años ‘90.

Salir de las profundidades de la crisis era una titánica ta­rea que requería condiciones extraordinarias que implica­ban: 1) una clara compren­sión de las razones de la cri­sis, 2) un plan diseñado para enfrentar las causas y los efec­tos, 3) un equipo capaz de eje­cutar con prontitud y eficacia las nuevas ideas, y 4) el sopor­te de la fuerza y la mística de un partido como el fundado por el profesor Juan Bosch. Y efectivamente, el plan ejecu­tado dio los resultados espe­rados y el país pudo salir de las profundidades de la de­presión. La capacidad de co­municación fue un factor cla­ve para devolver la confianza. La consigna “e’palante que vamos”, renovó la fe y la con­fianza de los dominicanos en el futuro del país y de su eco­nomía. Aunque quizás, la ma­yor grandeza estuvo en la ha­zaña de superar esa crisis en medio de la mayor alza de los precios del petróleo conocida en la historia de ese hidrocar­buro.

La superación de la crisis internacional de 2008

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La del 2008 fue una crisis fi­nanciera originada en los Es­tados Unidos que se propagó por todo el mundo dejando a su paso: quiebra de bancos, caída del crecimiento y del PIB, aumento del desempleo y de la pobreza y crisis políti­ca y social. Esta crisis tenía el potencial de catastrófica pa­ra nuestro país debido a la amplia dependencia que te­nemos de la economía esta­dounidense, sin embargo, se tomaron las medidas que de diferentes maneras aminora­ron los efectos del contagio: expansión del gasto público, aumento de la inversión, tasa de interés competitiva, incen­tivos a la captación de divisas, atracción de inversión extran­jera, subsidios para aminorar los efectos en el sector exter­no, expansión de las políticas sociales y ayudas a los poten­ciales perdedores de la crisis.

Así, mientras en el resto de la región el contagio fue se­vero, aquí apenas disminuyó el crecimiento, mientras que en otros países la crisis gene­ró cambios de partido y de gobierno, aquí se mantuvo el equilibrio político y se conser­vó el poder; mientras en mu­chos países hubo protestas y convulsiones, aquí hubo paz política y social. Todo logrado en medio de la más severa cri­sis alimentaria de los tiempos recientes. Es decir, el gobier­no dominicano supo conver­tir la crisis en oportunidades que afianzaron nuestro desa­rrollo.

En nuestro recién publi­cado trabajo: “Estadistas vs. Gobernantes Ordinarios”, ar­gumentábamos que “los Es­tadistas son gobernantes ex­traordinarios que sólo surgen en tiempos de profundas cri­sis o en épocas de transición que por lo general implican transformaciones radicales o virajes históricos ya sea pa­ra proteger a una sociedad o para hacerla avanzar”. Y jus­to eso fue lo que hizo el presi­dente Leonel Fernández: pro­teger al país de dos grandes crisis y usar los desafíos de las transiciones para sentar las bases del actual proceso de desarrollo.

Un Estadista probado

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Como buen Estadista supo mantener la cohesión del go­bierno, la unidad de su parti­do y equilibrio de la nación. Tuvo el ingenio de crear una coalición de fuerzas políti­cas y sociales que sentaron las bases de una larga gober­nabilidad democrática. Logró transferir el poder al lideraz­go dentro de su propio par­tido garantizando con ello la continuidad del desarrollo y del proceso democrático. Tu­vo la inteligencia y la sensibi­lidad de crear una moderna red de asistencia social, que no sólo servía de mecanismo para mitigar los efectos de la pobreza y la desigualdad, si­no que contribuyó además al mantenimiento de la paz po­lítica y social. A pesar de las adversidades, logró mante­ner en todos sus gobiernos el crecimiento, la estabilidad y la modernización.

Tuvo la entereza democrá­tica de legarnos una Cons­titución que trascendiera la coyuntura y los intereses del momento. En los días más difíciles para la nación, su­po transformar las expecta­tivas de la población y traer de vuelta la esperanza al áni­mo nacional. En sus gobier­nos hubo plena libertad de ex­presión y nunca se coaccionó a nadie por ser opositor o por sus ideas. A su salida del po­der dejó un país cuantitativa y cualitativamente más avan­zado que el que encontró, con transformaciones que senta­ron las bases para los éxitos de los siguientes gobiernos del PLD. La superación de esas crisis y el fino manejo de esas transiciones convierten, sin lugar a dudas, al doctor Leo­nel Fernández en el primer Es­tadista consumado del siglo XXI en nuestro país.

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