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Gedeón Santos, otra figura pensante, renuncia por “quiebre histórico” del PLD

Gedeón Santos, quizá el primer ideólogo de la reelección de Danilo Medina en 2016, oficializó este viernes su renuncia a 40 años de militancia en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), convencido de que esa organización se desconectó de su origen, convirtió los medios en fin y ha pasado a ser una corporación empresarial.

En una carta a Reinaldo Pared, secretario general de la formación morada y en la cual obvia a su presidente interino, Juan Temístocles Montás, el ex representante ante la Organización de los Estados Americanos (OEA), puso distancia del PLD sobre el que considera se ha producido un “quiebre histórico” y  ha entrado en un “rumbo perdido”. Santos, quien ya venía en franco disgusto por la nueva realidad peledeísta, se suma a importantes figuras de esa formación que entienden que “ya no vale la pena”.

Sobre esa nueva realidad del PLD, Santos escribe:Pero apareció un nuevo marco legal que convirtió en ley lo que ya era una práctica cotidiana en el PLD. La nueva ley de partidos, al permitir que cualquier ciudadano pueda ser candidato sin militancia previa, les quitó a los partidos el control de sus democracias internas. El hecho crítico consiste en que la democracia no opera en abstracto, alguien la controla, y sólo cuatro fuerzas tienen los recursos para manipular el sistema a partir del nuevo marco jurídico: 1) quien controla los recursos del Estado, 2) los empresarios, 3) el bajo mundo, y 4) las potencias extranjeras”.  

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Y agrega:Así, la nueva ley de partidos oficializó el predominio de la práctica empresarial en el PLD. Las primarias abiertas, le daban el poder partidario al que tiene la ventaja económica en detrimento de cuadros preparados que no han acumulado grandes fortunas. Entonces, sin ningún filtro y sin obstáculo legal, la práctica empresarial, que ya había permeado el Comité Político y el Comité Central, llegó a la categoría de candidatura presidencial, congresual y municipal, lo que a su vez oficializaba un “quiebre histórico” con los valores, principios y tradiciones del partido que había soñado Bosch”.

Remachó de esta forma: “A partir de aquí, se rompió el sentido del mérito, y los dirigentes y militantes se convirtieron en una especie de “mendigos” que tenían que rogar a los funcionarios lo que les pertenecía por su historia y por sus sacrificios partidarios. Esto a su vez abrió las puertas a todo tipo de personeros oportunistas, que sin esfuerzo ni preparación alguna, lograban ascender a puestos públicos, a cargos de dirección del partido o a candidaturas, con el único mérito de ser alabarderos o cercanos de los que controlan el Estado, o por ser recaudadores o financistas de campaña…”.

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