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Este domingo conmemoramos el 61 aniversario de la gesta heroica del 14 de junio de 1959

Por Juan Acosta R.

Redacción/ElCorreo.do

SANTO DOMINGO: Aunque constituye “una verdad de Perogrullo”, debe insistirse en que sin el  triunfo militar de Fidel Casto en Cuba, materializado el primero de enero de 1959, no habría sido posible la expedición del 14 de junio, menos de seis meses después, cuyo 61 aniversario los dominicanos conmemoran con el mayor respeto este domingo.

Además de la solidaridad y como agradecimiento de la entrega a la lucha de Sierra Maestra de varios dominicanos, unido al amparo del dictador dominicano Rafael Trujillo a su par derrotado, Fulgencio Batista,

Por eso y muchos más, tan pronto triunfó la revolución cubana, la idea de enfrentar y vencer a Trujillo encendió las llamas esperanzadoras de la mayoría del exilio dominicano, la que se integró en forma entusiasta al plan de desembarcar varios grupos guerrilleros en territorio nacional, a lo que vino a sumarse  el asesinato de las hermanas Mirabal como motivo adicional de lucha.

Así, en un reentrenamiento intensivo de combate sorpresivo y ataque selectivo, en el campamento de Mil Cumbres, del oriente de Cuba, patriotas dominicanos, cubanos, puertorriqueños, españoles, nicaragüenses y estadounidenses, entre otras nacionalidades, con el respaldo del nuevo gobierno de la isla mayor, se programó con fechas, la expedición.

Bajo las directrices políticas del Movimiento de Liberación Dominicana (MLD), y la jefatura militar del comandante Enrique Jiménez Moya, el 14 de junio de 1959, cerca de 60 hombres “llenos de heroísmo, patriotismo y enamorados de un puro ideal”, llegaron al atardecer al aeródromo militar de Constanza en un avión bimotor camuflado con las insignias de la Aviación Militar Dominicana (AMD).

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La aeronave, capitaneada por el piloto venezolano Julio César Rodríguez y su copiloto cubano Orestes Acosta, bautizándose en el combate antes de tocar tierra, al ser tiroteado por los escasos soldados de servicio ese día, que notaron “algo extraño en ese avión, aunque parecía de los de Trujillo”.

Esta llegada fue la avanzada de otros frentes que tratarían de llega a playas dominicanas vía marítima, lo que resultó imposible por la vigilancia extrema que montó el régimen.

Sólo pudieron acercarse a las costas de Maimón y Estero Hondo, provincia Puerto Plata, días 19 y 20 de junio, en los barcos Carmen Elisa y la Timina, con más de 148 soldados.

Los recién llegados por Constanza pudieron salir del avión, repelar la agresión de los soldados y penetrar a los montes cercanos, continuando a lo profundo de la Cordillera Central, hasta donde fueron perseguidos por tierra y el aire.

Testimonios de sobrevivientes revelaron que uno de los combatientes se encontró en una breve pausa, que había perdido el mapa de operaciones militares de las rutas que seguirían las tropas.

Tan valioso documento fue encontrado por las tropas regulares lo que le facilitó conocer de antemano el desplazamiento que podrían seguir los recién llegados.

Con los primeros detalles de la presencia en el país de combatientes hostiles, la dictadura inició horas después del 15 de junio una ofensiva con la participación de más del 70 por ciento de la soldadesca trujillista.

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Los combatientes de la guerrilla, sin planearlo, se dividieron en varios grupos, los que tomaron distintos destinos al azar, encabezados por el propio Jiménez Moya y el otro por el subcomandante de la expedición, el cubano y actual sobreviviente Delio Gómez Ochoa.

Primer combate

El primer enfrentamiento de la guerrilla con las tropas regulares trujillista se produjo el 16 de junio, con el grupo bajo el mando de Jiménez Moya, en la demarcación conocida como La Guanica, del que salió ileso junto a su asistente Gustavo Patiño.

Una de las muchas versiones de la captura de Jiménez Moya y Patiño apunta que éstos, cansados por la caminata y hambrientos al extremo, fueron encontrados por moradores de El Río, los que avisaron a las autoridades, las que enviaron una patrulla, la que, tras entregarlos, los fusilaron de inmediato.

Como trofeo de guerra, los acribillados cuerpos los mártires fueron trasladados a la Base Aérea de San Isidro, desde donde fue se anunció a la expectante población “de su caída en combate”, junto a otros combatientes.

La modalidad de informar la identidad de los caídos fue al extremo burlesca, pues simulando el sorteo de la lotería, un locutor pronunciada el nombre y otro agregaba ¡muerto! o capturado, cuando uno de los expedicionarios convenía no eliminarlo.

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Castro, Betancourt, Figueres, Muñoz…

Con propósito de restar capacidad patriótica y de sacrificio a los dominicanos para llevar a cabo la osadía del 14 de junio, la dictadura enfatizó en señalar como auspiciadores de la expedición a Castro y los presidentes de Venezuela, Rómulo Betancourt, al que intentó asesinar meses antes; el gobernador del Estado Libre Asociado a los Estados Unidos, Puerto Rico, Luis Muñoz Marín y al de Costa Rica, José (Pepe) Figueres.

Las “pruebas”

Para demostrar la injerencia extranjera en los asuntos internos del país, la tiranía seleccionó a varios de los capturados, entre estos los cubanos Delio Gómez Ochoa y el menor de edad Pablo (Pablito) Mirabal.

Entre los dominicanos dejados convenientemente vivos estuvieron Mayobanex Vargas, Poncio Pou Saleta, Francisco Medardo Germán y Alfredo Almonte.

Este último, se afirmó, fue excarcelado “como muestra de la magnanimidad del Generalísimo Trujillo”, pero asesinado pocos días después.

¿Derrota?

Si bien los expedicionarios lucharon con la gallardía de quienes defienden un ideal patriótico fueron vencidos por la férrea tiranía, porque tenía conocimiento de que se preparaba un ataque armado en su contra, pero sin precisar cuándo y por dónde.

De ahí en adelante, y sin importar riesgos, la juventud tomó la vanguardia en la lucha contra la tiranía, como lo demuestra la riesgosa acción del 10 de enero de 1960, cuando Minerva Mirabal, su esposo Manolo Tavárez, entre otros, fundaron el Movimiento Clandestino 14 de Junio.

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