Perspectiva

El presidente Abinader y la prensa

Namphi Rodríguez/Para El Correo

Santo Domingo. Debido a su carácter receptivo, el presidente electo Luis Abinader tiene una excelente relación con la prensa independiente. Ese es un activo invaluable para el futuro gobernante.

Sin embargo, desde ya sectores de opinión pública pretenden medir su influencia en el nuevo presidente. Por esa razón, me permito traer al debate este artículo publicado hace unos meses en un diario vespertino, acerca de la relación de Napoleón Bonaparte con la prensa.

La prensa cooptada

En los convulsos años que sucedieron a la dictadura napoleónica hay un hecho pasmoso que pone de relieve el triste papel de una prensa cooptada frente al cinismo portentoso del poder.

Hacia principios de marzo de 1815, Napoleón Bonaparte había desembarcado en Portoferraio con una pequeña legión de hombres para derrocar la monarquía borbónica y retomar el poder luego de un año de exilio de Alba.

Cuando en París se dio noticia del avance de su pequeño ejército, la prensa leal a Luis XVIII embarronaba cuartillas diciendo: “el monstruo escapó de su lugar de destierro”.

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En la medida en que el emperador avanzaba hacia la metrópolis, esa misma prensa afirmaba que Bonaparte tenía que ser conducido a la capital francesa en jaula de hierro.

El diario opositor Le Moniteur titulaba día tras días: “el monstruo ha avanzando hasta Grenoble”, “el tirano está ahora en Lyon”, hasta que, en el transcurso de los días Bonaparte logró intimidar a los periodistas, y el mismo diario ya cooptado ya por Napoleón publicaba; “ayer por la tarde su Majestad el Emperador hizo pública entrada en las Tullerías. Nada puede exceder el regocijo universal”.

El patetismo de ese episodio cuenta cuál es el designio de una prensa que, como el avestruz, decide enterrar la cabeza en el suelo para no ver la realidad y venderse al poder al turno.

Sólo la prensa libre e independiente puede denunciar al “monstruo que se escapa” y amenaza las libertades públicas.

La práctica del gobierno del presidente Danilo Medina de cooptar medios de comunicación ha consistido en obligar a sus propietarios a tomar control y poner filtros sobre los contenidos de sus programaciones a cambio de beneficios económicos.

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Lo contrario sería exponerse a represiones indirectas a sus empresas periodísticas, como la exclusión del enorme presupuesto de la publicidad gubernamental.

Esa práctica nefasta desborda los límites y garantías constitucionales de la libertad de expresión y representa represiones indirectas al periodismo independiente.
La Convención Americana de Derecho Humanos dispone en su célebre artículo 13 que, “no se puede restringir el derecho de expresión por vías o medios indirectos, tales como abuso de controles oficiales o particulares de papel para periódicos, de frecuencias radioeléctricas, o de enseres y aparatos usados en la difusión de información por cualquiera otros medios encaminados a impedir la comunicación y la circulación de ideas y opiniones”.

Los principios son los basamentos de la prensa libre. Un periodista podrá querer más o menos a un gobernante, pero lo que define el papel de los medios de comunicación en democracia es su actitud crítica ante el poder y la defensa de los derechos humanos.

El periodismo se ejercer frente al poder, de lo contrario será cualquier cosa, menos periodismo.

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