Perspectiva

El poder emocional de la poesía

Por Farid Kury

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: En muchas personas la poesía tiene un impacto emocional. A veces un poema, y hasta solo un verso, tiene tal fuerza emotiva que puede conmover a una persona, y convertirse en su norte en el camino de la vida. En ese camino de luchas, de derrotas y victorias, y en el que el ser humano necesita de una fuerza motivadora, con una carga emocional, como puede resultar la poesía.

Como toda creación artística, surgida de apasionados sentimientos, la poesía se posiciona como una inspiración en la que un hombre, un tallador de versos, puede influir en muchos otros.

William Ernest Henley, un poeta inglés del siglo XIX, murió a la edad de 54 años de tuberculosis. Una pierna le fue amputada a causa de esa enfermedad. La conmoción que su alma sufrió cuando su pierna fue cortada lo llevó a escribir un poema corto titulado “Invictus”, que es un hermoso canto a no rendirse y con el cual pasó a la posteridad.

“INVICTUS”

Más allá de la noche que me cubre

negra como el abismo insondable,

doy gracias a los dioses que pudieran existir/

por mi alma invicta.

En las azarosas garras de las circunstancias

nunca me he lamentado ni he pestañeado.

Sometido a los golpes del destino

mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.

Más allá de este lugar de cólera y lágrimas

donde yace el horror de la sombra,

la amenaza de los años

me encuentra, y me encontrará, sin miedo.

No importa cuán estrecho sea el portal,

cuán cargada de castigos la sentencia,

soy el amo de mi destino

soy el capitán de mi alma.

En el siglo XX, decenas de años después de escribirse ese hermoso poema, en 1963, un hombre llamado Nelson Rolihlahla Mandela, apodado Madiba, pero conocido por el mundo entero solo como Nelson Mandela, que llegaría  a ser presidente de su país y uno de los líderes mundiales de mayor prestigio y credibilidad, sería condenado y encarcelado durante 27 años.

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¿Cómo pudo Mandela soportar 27 años de cárcel sin derrumbarse? Algunos, sobre todo, los defensores de la influencia de la ideología en el comportamiento humano, dirán que la ideología marxista le proporcionó la fuerza emocional para resistir tantos sufrimientos sin doblegar su espíritu de luchador.

Y puede que tengan razón, al menos en parte. Cuando entró a la cárcel, ciertamente, Mandela era marxista. Pero, al margen de su ideología, está documentado que el poema “Invictus” le proporcionó mucho aliento en medio de su desgracia. Lo ayudó a no rendirse nunca, pese al mal trato de la cárcel. Lo sabía de memoria y lo recitaba a diario.

Es que los versos de “Invictus” son, sin duda, una obra cumbre que motiva a la fortaleza y a la superación de la adversidad. Ese poema es un extraordinario canto a la resistencia, a mantener el control de uno mismo, no solo cuando levanta los brazos victoriosos, sino también cuando es derribado.

Es el sentido de ese poema. Mandela lo encontró en la cárcel. Lo internalizó, se abrazó a él como se abraza la uña a la carne, y lo ayudó a resistir 27 años de tortura emocional, 18 de ellos en una solitaria en la que solo podía recibir visitas y cartas cada 6 meses.

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Otro poema, titulado “No te detengas”, escrito por un genio de las letras, Walt Whitman, resulta impactante e inspirador para vivir con un propósito y crecer.

Walt Whitman desarrolló con esmero y pasión múltiples facetas como intelectual. Pero sobre todo su trabajo lo fundamentó en una visión ética y humanista, propagando siempre el mejoramiento de la calidad de la raza humana.

En ese poema nos convoca a no dejar de soñar, a luchar y crecer siempre, a ser felices, a  vencer los desalientos, a expresarnos, a disfrutar la poesía, a ser protagonistas de nuestra historia y a vivir intensamente.

Sí, todo eso en un poema. Esa es una virtud de la poesía: decir mucho en pocos versos.

Aquí va:

“No dejes que termine el día sin haber crecido un poco,

sin haber sido feliz, sin haber aumentado tus sueños.

No te dejes vencer por el desaliento.

No permitas que nadie te quite el derecho a expresarte,

que es casi un deber.

No abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario.

No dejes de creer que las palabras y las poesías

sí pueden cambiar el mundo.

Pase lo que pase nuestra esencia está intacta.

Somos seres llenos de pasión.

La vida es desierto y oasis.

Nos derriba, nos lastima,

nos enseña,

nos convierte en protagonistas

de nuestra propia historia.

Aunque el viento sople en contra,

la poderosa obra continúa:

Tu puedes aportar una estrofa.

No dejes nunca de soñar,

porque en sueños es libre el hombre.

No caigas en el peor de los errores:

el silencio.

La mayoría vive en un silencio espantoso.

No te resignes.

Huye.

“Emito mis alaridos por los techos de este mundo”,

dice el poeta.

Valora la belleza de las cosas simples.

Se puede hacer bella poesía sobre pequeñas cosas,

pero no podemos remar en contra de nosotros mismos.

Eso transforma la vida en un infierno.

Disfruta del pánico que te provoca

tener la vida por delante.

Vívela intensamente,

sin mediocridad.

Piensa que en ti está el futuro

y encara la tarea con orgullo y sin miedo.

Aprende de quienes puedan enseñarte.

Las experiencias de quienes nos precedieron

de nuestros “poetas muertos”,

te ayudan a caminar por la vida

La sociedad de hoy somos nosotros:

Los “poetas vivos”.

No permitas que la vida te pase a ti sin que la vivas”

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Invictus influyó e inspiró poderosamente en Nelson Mandela para resistir cuando se encontraba solo y abatido en las cárceles racistas de Sudáfrica. Y sabrá Dios a cuántos millones ha ayudado a vencer los obstáculos.

No te detengas, del inmenso Walt Whitman, debe también haber impactado en millones de seres humanos. Yo soy uno de ellos. Lo leí hace muchos años y me llegó a lo profundo de mi corazón. Ese poema es inspirador. Su fuerza emocional es viva y penetrante. Léalo,  meditado, pero sobre todo, asúmalo.

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