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El Papa criticó a hijos que abandonan a sus padres mayores en hospicios

Francisco afirmó que hay Judas que venden a sus hermanos y hermanas”, explotándolos que no reconocen sus deberes. “Pienso que para estar más cómodo un hombre es capaz de llevarse a sus padres y no verlos más, ponerlos en un hogar de ancianos y no ir a verlos… él vende”.

Aleteia

CIUDAD DEL VATICANO.- Documento del Vaticano lanzó alarma por la soledad de los ancianos durante la pandemia de Covid-19

En su homilía del miércoles 8 de abril, desde Casa Santa Marta en el Vaticano, el papa Francisco lamentó que algunos hijos se comporten como Judas, es decir como el discípulo amado por Jesús que lo vendió por 30 monedas, y abandonan a sus padres ancianos en hospicios. Asimismo, el Vaticano lanzó alarma por la soledad de las personas ancianas durante la pandemia de Covid-19.

Hijos que actúan como Judas

Francisco afirmó que hay Judas que venden a sus hermanos y hermanas”, explotándolos que no reconocen sus deberes. “Pienso que para estar más cómodo un hombre es capaz de llevarse a sus padres y no verlos más, ponerlos en un hogar de ancianos y no ir a verlos… él vende”.

Luego fue más directo: “Hay un dicho muy común que, hablando de gente así, dice que “éste es capaz de vender a su madre”: y la venden. Ahora están tranquilos, están lejos: “Cuídenla ustedes…”.

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Documento del Vaticano

Garantizar la salud y sacar de la soledad y el abandono a los abuelos y abuelas es prioridad durante la emergencia coronavirus. Lo recuerda en un comunicado el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida del Vaticano que el 7 de abril publicó un llamado a favor de las personas mayores cuya generación, en estos días de pandemia “está pagando el precio más alto”.

La Iglesia en estos días está poniendo en prácticas creativas para estar cerca de los abuelitos y abuelitas “ante la imposibilidad de seguir haciendo visitas domiciliarias”. Por ejemplo, jóvenes voluntarios organizados por las parroquias entregan alimentos y medicinas a quien está obligado a no salir de casa.

Además, en muchos lugares, durante el confinamiento, los sacerdotes siguen visitando las casas para llevar los sacramentos, siguiendo precisas medidas sanitarias de seguridad. Muchos voluntarios, sobre todo jóvenes, se están esforzando con generosidad para no interrumpir, o para comenzar a organizar, elementales redes de solidaridad.

“Es necesario aclarar que salvar las vidas de las personas mayores que viven en las instituciones, o que están solas o enfermas, es una prioridad del mismo modo que salvar a cualquier otra persona”.

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En los países en los cuales la pandemia no ha tomado grandes dimensiones, “aún es posible tomar medidas preventivas para protegerlos”. En donde la situación es más dramática “es necesario actuar para encontrar soluciones emergentes”.

“No es casualidad que estamos presenciando la muerte, en proporciones y formas terribles, de tantas personas que viven fuera de sus casas y apartados de su núcleo familiar, en condiciones de soledad en verdad desgastantes y deprimentes”.

El dicasterio vaticano propone “remediar esta situación de abandono que, en las circunstancias actuales, podría significar salvar vidas humanas” y unirse en oración por los abuelos y las personas mayores de todo el mundo.

La tempestad revela fragilidad de los ancianos

Francisco habló de una “tempestad” que desenmascara “nuestra vulnerabilidad y deja al descubierto esas falsas y superfluas seguridades”. Lo dijo durante la oración extraordinaria que conmocionó al mundo cuando el viernes 27 de marzo casi al anochecer atravesó la Plaza desierta hasta llegar al Sagrado de la Basílica de San Pedro.

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Tempestad que “nos muestra cómo habíamos dejado dormido y abandonado lo que alimenta, sostiene y da fuerza a nuestra vida y a nuestra comunidad….incapaces de apelar a nuestras raíces y evocar la memoria de nuestros ancianos, privándonos así de la inmunidad necesaria para hacerle frente a la adversidad”.

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