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El gran mérito de Duarte

Por Farid Kury

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: La República Dominicana es el mérito de Duarte. Es su sueño. El la soñó independiente, y se fajó para hacerla independiente. Cuando nadie creía en la independencia, Duarte creyó que era posible ser independiente. Ese es un mérito histórico suyo. Es el primero en creer en la independencia pura y simple, y es quien nunca dejó de creer, pese a ser confrontado con saña por los afrancesados de Buenaventura Báez y los hispanófilos de Pedro Santana. Fundó el primer instrumento político dominicano: la Trinitaria. Su fin no era solo la separación de Haití, sino la independencia. Tampoco era el poder en sí, aunque la independencia conducía al poder. La independencia de un país es un acto político, y como tal supone una intensa confrontación, primero contra el dominador, y luego por el control del Estado, surgido con la independencia.

Duarte preparó la confrontación contra la ocupación haitiana. No se preparó para la lucha por el poder que pudiera venir consumada la independencia. No tenía vocación por el poder. Su vocación era patriótica. No amaba el poder; amaba la patria. Pero eso era difícil de entenderse en un ambiente de escasos ideales y donde lo prioritario era medrar en la sombra del poder. Por eso, para muchos aquello era un atrevimiento, un sueño, una quimera, una ilusión. Bueno, cierto, era un atrevimiento, pero con visión de futuro. Otros, cuando vieron que el sueño se estaba haciendo realidad, luego contribuyeron. Pero el primero, el de la idea, el de la Trinitaria, el del sueño independentista, fue sin disputa Juan Pablo Duarte.

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Con 17 años sus padres lo mandaron a Europa a estudiar. En el camino fue sacudido. El capitán del barco lo avergüenza por viajar con pasaporte haitiano. Lo impactó. En Europa ve de cerca los vientos de la libertad que sacuden a esas naciones. Cuando regresa ya no es el mismo Duarte. En su cabeza está prendida la idea de la independencia y la libertad. Pero aquí nadie piensa en la independencia. Algunos, muy pocos, hablan de separación, porque rechazan al haitiano, no porque sean independentistas. Éramos pocos y pobres, y aunque moleste decirlo, sin ideales. Las dos veces anteriores que hubo movimientos políticos importantes fueron solo separatistas, no independentistas. Juan Sánchez Ramírez, el caudillo cotuisano de la Reconquista, en la batalla de Palo Hincado de 1808 venció al general francés Jean Louis Ferrand. Lo humilló de forma tal que éste para salvar su honor se suicidó, pero terminó entregando el país a España, inaugurando el triste período de la España Boba. Y José Núñez de Cáceres, a finales de 1821, enarbolando la independencia, buscó integrarnos a la Gran Colombia del libertador Simón Bolívar. Ni uno ni el otro creían en la independencia.

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Por eso cuando Duarte enarbola la idea de la independencia, y no solo de la separación, es objeto de la burla de la élite y también de la gente común. A él y a los pocos que les acompañaron en la Trinitaria los ven como muchachos y despectivamente les ponen el mote de filorios, o sea, ilusos. Y ciertamente era un sueño, toda vez que Haití era una nación de 800 mil habitantes y con un ejército probado en luchas contra diferentes imperios y aquí apenas un poco más de 100 mil y sin ejército.

El reto no era fácil. Pero Duarte tiene mucha fe en su proyecto y es de los que acompañan la prédica con acciones. Lo dice El Maestro Juan Bosch de esta manera: «Una cosa es tener una creencia y poner en ella toda la fe de que es capaz el alma humana y otra cosa es dedicarse a convertir esa creencia en realidad, y Duarte fue capaz de hacer esto último». Y para convertir esa creencia en realidad Duarte tuvo la genialidad política de hacer alianzas políticas, aquí y en Haití. Viajó al Seibo en busca del apoyo de los mellizos hermanos Santana, Ramón y Pedro. Se reúne con Ramón y éste aprueba el plan de Duarte, pero le dice que debe hablar con Pedro, porque es quien entiende de política y milicia. La alianza queda sellada, y esa alianza sería decisiva. La otra alianza que Duarte se empeña en hacer es con los reformistas haitianos opuestos al largo dominio de Boyer. Envía a Haití a Juan Nepomuceno Ravelo a concretizar esa alianza, y como éste no logra el propósito, envía a Matías Ramón Mella, quién sí pudo.

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Aliados los trinitarios con los hateros antihatianos y los reformistas haitianos ante boyeristas, el sueño de Duarte, a hacha y machete, se hizo realidad. Muchos se ufanan en decir que Duarte no tiene la categoría de Bolívar ni de Máximo Gómez ni de José Martí. ¿Pero eso qué importa? Para nosotros Duarte es lo que es Bolívar para los venezolanos o Gómez y Martí para los cubanos. Duarte trabajó para crear conciencia en la independencia y para crear una nación independiente de toda dominación. Es Duarte quien da sentido a un proyecto de nación. Antes de Duarte éramos una masa humana sin guía y sin proyecto nacional. Después fuimos soberanos, con conciencia de nosotros mismos. He ahí su gran mérito. Y esto basta para considerarlo como el artífice de la República y para colocarlo en la galería de los grandes patriotas de América.

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