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El estrés postraumático opositor

Por Frank Núñez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: La Psicología enseña que tras un acontecimiento trágico, provocador de angustias y dolores en el ser humano, se vive una etapa conocida entre los terapeutas como “estrés postraumático”. Es la situación que evidencia el liderazgo opositor frente a la aplastante derrota que le propinara el gobernante Partido Revolucionario Moderno (PRM) junto a sus aliados en las pasadas elecciones municipales, lo que había sido pronosticado por casi todas las encuestas.

Si algo ha resultado sorprendente es la posición correspondiente a los opositores Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y partido Fuerza del Pueblo (FP), ya que las mediciones siempre colocaban al segundo en una situación privilegiada con relación al primero, lo que al momento de contar quedó invertido, dándole al ambiente político electoral un nuevo escenario con miras a las elecciones presidenciales y congresuales del próximo mes de mayo.

Es entendible un estrés postraumático en la dirigencia de la FP, debido a que el veredicto de las urnas ha derribado el mito de que superaba al PLD, organización de que saliera la mayoría de su militancia, quedando un mapa donde los verdes son muy inferiores a los morados, mientras los azules oficialistas y aliados aumentaron significativamente la mayoría que lograron en los comicios del 2020.

El estrés postraumático de la oposición se refleja en los argumentos de dirigentes y voceros al momento de restarle méritos a la victoria del PRM, destacando los niveles de abstención como si la misma no fuera proporcional para todos en lo que respecta a los empadronados. Esos pretextos se caen desde que se observa que el porcentaje de votante fue prácticamente similar al de los comicios anteriores en el nivel municipal.

En su portada del martes, 20 de los corrientes, el matutino El Día destaca en su titular principal que “La abstención de ahora fue similar a elecciones pasadas”. Lo cierto es que el argumento del que quiere agarrarse la oposición para justificar su derrota olvida que mientras la del 2020 fue de 52 por ciento, la del 1998 llegó a 52.9; 53 por ciento en el 2002; 57.8 por ciento en el 2010 y 53 por ciento en el 2016.

Un prestigioso analista asegura que quien le compre el discurso a los que hoy padecen el estrés postraumático llegaría a concluir en que la abstención en las pasadas elecciones del domingo 18 de febrero fue más elevada que la real, cuando la misma ha sido una constante desde que las municipales fueron separadas de las presidenciales.

Si se rinde culto a la verdad, lo cierto fue la abstención en las votaciones municipales fue, tal como señala el periodista yumero Néstor Julio Castillo, de solo un 47 por ciento, “si descontamos los empadronados del exterior, que suman 800 mil”.

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Otro argumento de la oposición postraumatizada es alegar el uso de los recursos del Estado y la supuesta compra de votos. Lo primero, aunque no se justifica, fue el arma principal de los hoy opositores cuando fueron gobierno, lo que no los libró de la derrota que los sacó de la administración pública. Lo segundo es una práctica atribuida a todas las corrientes en competencia sin que se aporten pruebas creíbles.

La lectura que se desprende de las elecciones recién pasadas es que la mayoría prefiere que sus cabildos estén administrados por el PRM y aliados, mientras continúa rechazando a los que gobernaron el país durante 16 años consecutivos, entre 2004 y 2020. La oposición, tanto la que representa el PLD como la FP, debieran reflexionar y comenzar a cambiar su discurso, iniciando con una autocrítica por las prácticas que han hecho que las mayorías la castigue con el voto.

Sorprende que quienes ayer planteaban que febrero sería un termómetro para medir la temperatura de mayo hoy estén desdiciéndose de manera infeliz. El Eclesiastés conserva su vigencia cuando afirma que todo tiene su tiempo. Los opositores de hoy se acostumbraron a que todo les salía bien durante 20 años, y de ahí vino el descuido y el exceso de confianza.

La República Dominicana vive el a tiempo de Luis Abinader, el PRM y sus aliados, como ocurrió en su momento con los que integran el PLD y la FP. El fortalecimiento o el debilitamiento de unos y otros dependen de la manera que sintonicen con las demandas de la población, que se cansó de una corrupción que llegó a constituir una burla descarada a la ciudadanía. De manera que las municipales tienen una lectura que sirve a los gobernantes y a los opositores, que hoy viven el estrés postraumático.

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