Frank NuñezPerspectiva

El discurso del presidente

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Como probablemente no había ocurrido en muchas décadas, al presidente Luis Abinader le tocó pronunciar su primer discurso ante la Asamblea Nacional en una situación atípica. Una crisis sanitaria se ha unido a la económica, como hijas de la pandemia de la Covid-19 que mantiene de rodillas a todo el mundo.

Esta vez, contrario a lo que ocurrió con sus antecesores en la Presidencia de la Presidencia de la República, las críticas al discurso de Abinader, a seis meses de su toma de posesión en el mismo escenario, no ha girado en torno a lo que habló en su oratoria sino en lo que dejó de decir, incluyendo la colaboración que brindó el gobierno para la celebración del torneo de béisbol profesional, celebrado esta vez sin el calor presencial de la fanaticada.

Nada más saludable a una sociedad que la crítica. Esta viene a ser como el antibiótico para extinguir elementos patógenos en el conglomerado social. Lo único que esos juicios deben plantearse de manera y transparentes para la preservación de  los criterios morales y la prolongación de los estilos de vida en bien de la conservación de los valores autóctonos.

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Muchos de los tradicionales analistas de los discursos presidenciales, desde Balaguer, Guzmán, Jorge Blanco, otra vez Balaguer, Leonel, Hipólito, otra vez Leonel, Danilo hasta llegar a Luis Abinader, esta vez no han hundido sus estiletes en la masa teórica del gobernante sino en torno a lo que no fue parte de su discurso. “No habló de deportes, ni del carnaval vegano, ni del último adiós al Rey de la salsa, Johnny Pacheco”, dijo un contertulio a otro, que le respondió a su vez que no hay forma de que pueda hablarse de todo en un solo discurso.

Abinader ha tenido por lo menos la fortuna  de que los expresidentes Hipólito Mejía, su compañero del Partido Revolucionario Moderno (PRM), y Leonel Fernández, del Partido Fuerza del Pueblo (FP), han coincidido en que su discurso fue optimista, con la diferencia de que el primero lo considera también realista y el segundo carente de precisiones en lo que respecta a la materialización de los proyectos enunciados.

De su antecesor inmediato en la Presidencia de la República, Danilo Medina, no se ha escuchado la apreciación de la oratoria del gobernante, todo un recuento de seis meses de gestión bajo la pandemia de la Covid-19, período en el que Abinader ha tenido que enfrentar toda una estructura mafiosa que manejó el poder como un mercado exclusivo de sus asociados.

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Abinader abordó los temas de la crisis. Caída de la economía, pérdida de empleos, asistencia a los sectores carenciados, medidas para frenar la pandemia del coronavirus y lo que ha significado más recientemente la luz al final del túnel: el inicio de la vacunación contra el virus. Habló de educación, agricultura, turismo y las fluctuaciones de los precios de los hidrocarburos, cuya ley anunció que buscará modificar.

Los cuestionamientos al discurso, propios de una sociedad democrática que apoyamos, incluyen las ausencias de temas como el deporte y los carnavales que se celebran en todo el país durante el mes de febrero. Probablemente, si el jefe del Estado hubiera incluido un párrafo de su discurso en esos temas lúdicos, toda una parafernalia se habría armado por prestarle atención al entretenimiento en medio de una crisis sin precedentes.

Los ex presidentes Leonel e Hipólito coinciden con la expresión dramática del presiente Luis cuando dice: “¡Qué meses han sido éstos! Meses de trabajo intenso, de cambios profundos y de apego a las leyes. Si, apego a las leyes, a la ética y a las instituciones del país, porque amigos y amigas, la República Dominicana ya no es la misma”.

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Conscientes de que la República Dominicana “ya no es la misma”, desde que decidió a luchar por el respeto a sus derechos en febrero del 2020, es por lo que hay que estar vigilante ante el compromiso hecho por el gobernante con el país de “enfrentar la pandemia, blindar la protección social, prepararnos para el relanzamiento de nuestra economía, promover una cultura de transparencia y honestidad en el manejo de los fondos públicos y acometer las reformas estructurales que nuestro país necesita”.

Los dominicanos de buena voluntad, independiente de las banderías políticas, están en el compromiso de respaldar al gobernante en lo que respecta a las medidas para enrumbar a buen puerto la nación en medio de esta crisis mundial. Después del temporal, podría haber país para la distribución equitativa de la riqueza  que nos merecemos. ¡Vale!

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