Clemen GarcíaPerspectiva

Doña Yolanda partió

Por Clemen García D.

“Mi madre allá en el cielo tendrá una vida eterna”.  Leonel Fernández

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Es posible que un acontecimiento que encierra tanto dolor como es la partida de un ser amado, en este caso una madre, pueda generar como respuesta la más grande muestra de apoyo y solidaridad para con sus familiares?

Doña Yolanda hasta después de muerta sigue siendo luz y complicidad para su hijo Leonel.

El miércoles pasado nos enteramos de esta irreparable pérdida para sus familiares y amigos. No era para menos. Sabemos lo que significaba para muchos, pero sobre todo para él. Muchos creían que era único hijo, por el inquebrantable vínculo de amor que ambos se prodigaban, en privado y en público.

Antes de partir hacia el cementerio, Leonel expresó con palabras que llegan al alma lo que significó la vida de doña Yolanda, el legado que deja en su mente, corazón y conducta. Lo importante que es vivir bajo los códigos de la decencia, el trabajo honrado, la disciplina y el amor al prójimo.

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Y lo hizo con voz entrecortada, rota, desconsolado y muy triste. Ha sido el discurso más difícil que le ha tocado pronunciar.

Conocimos a doña Yolanda a través de mi tía Quisqueya Damirón, ambas amigas desde Barahona coincidiendo luego en la urbe neoyorquina. Siempre hubo respeto y consideración entre ellas, además de afecto. Las dos representaban el símbolo de madres que sacaron hacia adelante a sus familias con esfuerzo y trabajo digno, sin tachas ni manchas.

Guerreras hasta el último hálito de vida.

Hoy, Leonel inicia un nuevo ciclo en su vida, ya sin la presencia de su madre. La fuerza interior que transmitía a su hijo con tan solo una palmada, una mirada, una palabra, no está físicamente. Pero estén seguros que su trabajo como madre no termina en el simple plano terrenal.

Desde el cielo continuará guiando y sosteniendo a sus seres queridos, seguirá siendo esa columna discreta, invisible si se quiere, pero poderosa. Celosa de su intimidad y sentimientos. Porque así fue ella, sin ínfulas de heroína ni mártir. Solo mujer, con fuerza y decisión.

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Asimiló cuál era su papel desde que Leonel se convirtió en una figura pública de renombre. De forma pasiva transmitía el don de la prudencia, de la humildad y de la inteligencia. Estuvo donde tenía que estar sin presencia agresiva ni impuesta.

¡Cuanta sabiduría en una mujer que apenas llegó a cursar estudios de primaria!

Significa un duro golpe emocional y afectivo para el presidente Fernández, pero es resiliente, se sobrepondrá. Descanse en paz, doña Yolanda.

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