Panorama

Diario colombiano El Espectador recuerda este 27 de febrero el día que el M-19 asaltó la embajada dominicana en Bogotá

Ocurrió el 27 de febrero de 1980. Las negociaciones para liberar a los diplomáticos secuestrados dejó como saldo un muerto.

Fuente: El Espectador, de Colombia

Hace 41 años, cuando el M-19 estaba aún en la ilegalidad, el movimiento guerrillero fijo un objetivo: la embajada de República Dominicana en Colombia. Ese 27 de febrero de 1980, 16 guerrilleros secuestraron a 16 embajadores durante dos meses. El hecho puso a Colombia en el centro de la prensa internacional, dejó el saldo de un guerrillero muerto y una negociación que vio la luz al final del túnel para los rehenes. Por ello, in memoriam, El Espectador reúne varias historias de traen al presente las historias de ese oscuro pasado que tensionó la realidad colombiana y la vida de los involucrados. Estos son los enlaces para leerlas y un breve resumen de lo que contienen.

Por cuenta de lo ocurrido, la Revista Cromos publicó nuevamente, el pasado 26 de febrero de 2020, las fotografías con las que José María Guzmán retrató el secuestro del grupo de diplomáticos por parte del M-19.

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En ese enlace se encuentra concentrada la memoria de Ligia Vásquez, una de las guerrilleras que, en ese entonces, participó junto con su compañero Carlos Sandoval, en la toma de la embajada. En el escenario de la confrontación armada fue conocida como la “comandante María”.

Esta es una parte de su testimonio: “(…) Y ahí estaban todos los cónsules y estaba la señora del embajador de la República Dominicana, y veo las caras y pienso en mi hijo y justo la mujer dice por favor yo tengo hijos y para mí fue muy duro decirle yo también tengo hijos y aquí nos morimos todos. Porque en el fondo primero no me quería morir, y segundo me parecía muy tenaz llevarme toda esa gente conmigo. Fue un momento que lo veo terrible, pero ese poder de convicción sobre lo justo que hacíamos me impone tirar del gancho, me impone morirme por lo justo de nuestros ideales sin angustia y sin miedo, aunque sí sentía el miedo de la gente. Bueno, no pasó nada”.

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Otra exguerrillera narra los hechos desde la orilla en la que se encontraba. Escribió “Escrito para no morir”, una obra que hace las veces de bitácora de sus días en el movimiento armado. En el capítulo séptimo regresa a los dos meses de secuestro a la embajada.

“Fue tan importante esa operación que, once años después, el Gobierno, nosotros y el país nos sentamos a hablar de la Asamblea Nacional Constituyente de 1991. Si lo hubiéramos hecho en 1980, nos habríamos ahorrado miles de muertos y una década perdida. La toma, sin embargo, nos dejó una lección: no se necesita vencer, se necesita concertar”, contó años después.

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