Perspectiva

Del Foro Público trujillista a las redes sociales

Por Frank Núñez

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: El día 7 de diciembre próximo se cumplen cuatro años de la partida de nuestro profesor Lipe Collado, a quien debemos, gracias a  su esfuerzo investigativo y editorial, leer en un manual la colección el Foro Público, sección que se publicaba en el diario El Caribe en la postrimería de la dictadura trujillista, con denuncias contra personas que de inmediato pasaban  a figurar en la lista negra de los “bajeados” del Gobierno.

Por la publicación del profesor Collado nos enteramos que Minerva Mirabal, la heroína cuya memoria se venera este 25 de noviembre junto a sus hermanas Patria y María Teresa, fue víctima del Foro Público desde sus tiempos de estudiante universitaria delatada el 26 de junio de 1955 por una supuesta Eduviges Alcántara, en un escrito donde también se menciona al periodista Aliro Paulino hijo y al rector Pedro Troncoso Sánchez.

El morbo, la socarronería y un acendrado humor corrosivo caracterizan las publicaciones del Foro Público trujillista, demostrativos de que, tal como lo estableciera el educador Don Eugenio María de Hostos y lo corroborara luego el profesor Juan Bosch, el chisme constituye una peligrosa enfermedad en el comportamiento social dominicano.

El dictador Trujillo no inventó el chisme en República Dominicana, pero fomentó en su provecho esa inconducta, en su objetivo de perpetuarse en el poder.  Lo lamentable es que, derrocada la dictadura y establecida la democracia, el nuevo orden no realizara una ardua labor de psicología social para debilitar un poco la enraizada chismografía nacional, que ahora, en la era cibernética, lleva la delantera entre los usos disímiles que puede dársele provechosamente a la Internet.

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Los escritos anónimos, el uso de seudónimos y las descalificaciones denigrantes eran comunes entre los foristas, diferente al estilo formal y respetuoso con que se veían obligados a replicar las víctimas de los ataques. Hostos y Bosch no se sorprenderían si observaran cómo se parecen muchos “foros públicos” de la Era de Trujillo a muchos escritos que aparecen al pié de artículos y otras publicaciones de periódicos electrónicos y  en las mismas redes sociales.

Meñique, Federico el Cacao y Santos Rosario, eran seudónimos usados para hundir en la ignominia a ciudadanos  en el Foro Público, que trasladados a la presente época no tienen diferencias con los que se usan en la Internet.

La pretendida nobleza del Foro

En cartas dirigidas a la dirección de El Caribe, tanto el dictador Rafael Leónidas Trujillo como su hermano Héctor Bienvenido, su presidente títere,  ponderaron como noble iniciativa periodística la columna Foro Público. El primero la calificó como “tribuna popular con fines moralizadores”, porque “denuncia aquellos hechos ignorados por el Gobierno y pone la Justicia en auto de los desmanes cometidos contra los más infelices”. El hermano menor de “el Jefe”, también conocido como Negro, define la columna como una “edificante y necesaria oposición al Gobierno”.

Un Foro publicado en El Caribe el 16 de octubre de 1953 escrito desde Puerto Plata por un tal Maxi Germoso critica la designación en el Banco de Reservas a quien en democracia conocimos como el empresario Don Payo Ginebra. Veamos. “Señor Jefe de Redacción: No podemos menos que criticar el nombramiento de un comunista como Payo Ginebra para abogado del Banco. Esto es un contrasentido, ya que todos conocemos las ideas izquierdistas de este sujeto”.

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Otro foro del 4 de octubre de 1953 insulta peligrosamente a un miembro de la productiva comunidad árabe en San Pedro de Macorís. “Aquí en Macorís hay un turco que la mujer lo dejó por turco, tacaño y tonto, que anda con una propaganda nociva, peligrosa y disociadora, ya que dijo a un grupo de macorisanos que el Barrio de Mejoramiento Social recién construido debía llamarse “Barrio Ludovino” y no llevar el nombre del Benefactor de la Patria”.

Quien envía el foro desde la Sultana del Este llega al cinismo de “aconsejar” a la víctima de sus infamias pidiéndole que “si su mujer lo abandonó y lo aborrece y usted está medio alocado, cójale su chifladura con otra cosa y no querer aparentar que aquí en Macorís no agradecemos al Benefactor de la Patria lo que ha hecho por nosotros”.

Se afirma que el dictador Trujillo disfrutaba con la sección del Foro Público, y que incluso, muchas de las “denuncias” eran de su puño y letra. Los atribulados “foreados”, al sentirse “bajeados”, siempre reaccionaban con cartas en las que trataban de ratificar su condición de trujillistas ortodoxos y libres de toda sospecha.

“Llamarme comunista a mí, cuando no he hecho sino combatir tanto la ideología como a los que la practican dentro y fuera de mi país, es querer producir la maligna impresión de que yo he perdido la fe en los ideales cristianos y políticos que abrazo y que traiciono mi Dios y mi jefe”, ripostó en su caso el señor Ginebra.

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Y continuó: “Ignora Maxi Germoso que estoy y estaré vinculado toda mi vida al Generalísimo, por la cristiana educación que recibí en mi hogar y por los innumerables e indestructibles nexos de gratitud, cariño y convicción que me atan a su ilustre persona”.

El “foreado” de Macorís, tras un largo preámbulo replica que “ni suponiéndome loco, se me podrían ocurrir tales contradicciones con mis propios sentimientos y actuaciones”.

El foro de ayer y de hoy

Cualquier lector de la presente época que haga un rastreo por las publicaciones periodísticas y en las redes actuales en las que interactúa el público  se encontrará con escritos insultantes que no se diferencian en nada a las que se publicaban en el Foro Público en la Era de Trujillo.

Se recuerda que  el vicealmirante retirado Sigfrido Pared Pérez,  quien en el pasado Gobierno de Danilo Medina ocupó la Dirección Nacional de Investigaciones (DNI), agencia de inteligencia gubernamental, reveló que tiene un equipo de miles de agentes entrenados para darle seguimiento a lo que se escribe en las redes sociales y los medios electrónicos.

Quien también fuera ministro de Defensa en dos oportunidades confirmó que la espontaneidad con que la gente habla sus cosas en las redes facilita el trabajo a los organismos de inteligencia. Y es que hay similitudes entre el Foro Público impreso de la dictadura y el electrónico de esta democracia posmoderna. Hay, sin embargo, una diferencia formal: los escritos que se publicaban en El Caribe de Trujillo no tenían las graves faltas ortográficas de los que ahora vemos en las redes.

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