Perspectiva

Danilo y el escuadrón de la muerte de la democracia

Por David C. Mateo

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Superado el golpe de Estado al profesor Juan Bosch en 1963, la democracia dominicana navegó en altas y bajas durante el periodo de los 12 años del siguiente presidente Joaquín Balaguer.  Fueron momentos difíciles para las voces que discrepaban con el Gobierno, el mundo estaba en pleno desarrollo de la guerra fría y la simpatía por el régimen de Fidel Castro y el modelo de la URSS fueron excusas con la cual el Gobierno justificaba las persecuciones y represión política en la República Dominicana.

Durante la década de 1970 el profesor Bosch interpretó que las señales que enviaba el Gobierno estaban orientadas a disminuir la joven democracia dominicana, por tanto, se hacía necesario asumir la construcción de una democracia plena mediante la educación del pueblo dominicano, al tiempo que se requería enrostrarle al Gobierno que estaba transitando por una ruta que hacía frágiles los valores y conquistas democráticas.

Para llevar a cabo esa lucha titánica, Bosch percibió que el PRD había cumplido la misión de su fundación como instrumento idóneo para las tareas políticas que se requería en esa coyuntura llena de retos y grandes desafíos.

Es en tal contexto que Bosch abandona las filas del PRD y construye el PLD con el objetivo de avanzar hacia nuevas conquistas democráticas e impulsar la nación por nuevos senderos del desarrollo social, económico y político. El propio Bosch se formuló la interrogante de ¿Cómo podíamos conseguir que el PLD fuera lo que el PRD se había negado a ser? La respuesta de Bosch es que había que desarrollar un partido que el país no había conocido con el objetivo de liberar de su atraso, de su dependencia, de la miseria a millares de compatriotas, no a una pequeña parte de los dominicanos, sino a todos.

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Para Bosch la fórmula para crear y desarrollar ese partido era organizarlo a base, no de persona sino de organismos. Es de esa manera que se podía evitar la construcción de un partido de aspirantes, sino de militantes ya que las debilidades que arrastran las personas de bajo desarrollo político son una limitante para desarticular los males que perturban a la sociedad.

Con una interpretación sociológica de la sociedad dominicana, Bosch fundó el PLD educando su militancia para impulsar una transformación de tal magnitud que cada ciudadano tenga la oportunidad de alcanzar un lugar en las relaciones de producción, mediante la capacitación. Sin lugar a dudas, de cara al porvenir esa hermosa tarea implicaba el amor a la patria y a la humanidad para alcanzar el anhelo de ser libres.

Al adentrase en la política y el poder, Bosch sostenía que “en el ejercicio de la política nos damos con toda clase de gente, y más en un país como el nuestro, donde la política es un potrero sin puertas en el cual puede entrar todo el que quiera y muy especialmente todo el que tenga hambre de figureo, de dinero y de poder”.

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En tal sentido, Bosch fue enfático al resaltar que “la historia dominicana está llena de episodios en que aparecen representantes de diferentes capas sociales lanzándose a la conquista del poder con tan escasas posibilidades de conquistarlo que las páginas de la historia dominicana en que figuran esos episodios nos parecen invenciones de locos”.

Es en esa dinámica que la senda de la democracia va sufriendo de manera gradual una desarticulación muy peligrosa porque cuando esos grupos incontrolables alcanzan el poder político son capaces de todo. Muchos autócratas son electos por la vía establecida por democracia, a la cual preservan con cierto nivel de apariencia, pero luego proceden de manera silenciosa  hundiendo hasta hurtarla en sus fundamentos sustantivos.

La llegada de Danilo Medina a la presidencia de la Republica, en el 2012, a los pocos días de estrenarse como gobernante fue desnudando a una persona potencialmente autoritaria que predicaba un discurso de corte democrático en sus aspiraciones, pero eso fue una pantalla que luego fue migrando hacia su reencuentro con lo que realmente llevaba por dentro.

Desde el primer instante, Danilo Medina comenzó a pensar en el 2016 sin importar todo lo que había que derrumbar para alcanzar sus objetivos y su muro más perturbador era la constitución de la Republica.

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El autoritarismo que fue desarrollando Danilo se expresaba en que ninguna institución del Estado le podía poner freno a sus locuras en la medida que se acercaba el 2016. Es así como fue capaz de enfrentar a todo aquel que osara defender la Constitución, tanto desde los partidos políticos, como de la sociedad civil, para lo cual no respetaba las normas democráticas establecidas.

Para poner en ejecución sus ambiciones por el poder, Danilo construyó un escuadrón para darle muerte a la democracia dominicana, para lo cual desnaturalizaba la institución del Estado, comenzando con el Congreso Nacional al que trataba como un mercado para comprar mercancías políticas. Es por tal razón que logró mancillar la Constitución en el 2016, imponer las primarias abiertas, la leyes de partidos y electoral a su estilo.

Medina desbordó los límites de la prudencia democrática cuando en el 2019 militarizó el Congreso con la pretensión única de una nueva reforma constitucional y presentarse a una segunda reelección. En su ecuación trágica, propia del autoritarismo, fue hacer que el escuadrón de asesinos de la democracia manipulase las propias instituciones de la democracia de manera escalonada, sutil, por la vía legal para liquidar la democracia dominicana y ejercer un poder sin límites, cálculos que le fallaron cuando la sociedad lo enfrentó, lo sacó del poder y destruyendo de paso al PLD que con tanta escrupulosidad construyó  Juan Bosch.

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