Perspectiva

¿Danilo quería un “borrón”?

SONDEO/Luis Encarnación Pimentel

ElCorreo.do

A sólo días para efectuarse las últimas elecciones—y dándose por un hecho que Danilo y el PLD perderían el poder—en sectores políticos y sociales importantes del país ganó terreno la especie de que el entonces gobernante Medina había llegado a un acuerdo con el candidato Abinader, en base a buscarle un” bajadero” al espinoso tema de la corrupción. Al saberse sin salida, de “arriba” se hizo algún esfuerzo de eventual acuerdo (hasta con Fernández), pero sin resultados, porque para un Luis puntero entonces y para un Leonel que buscaba aleccionar la traición y otras bajezas en su contra, hubiera sido un suicidio político contrariar lo que ya apuntaba a un voto castigo y luego a un periplo por la justicia (¿).

Y aplicando lo de que: ”en política hay cosas que se ven y otras que no se ven“, pero estas últimas muchas veces son más importantes, erraron el tiro los que pensaron que Danilo no entraría al salón de la Asamblea Nacional para no toparse con el secretario Mike Pompeo ni escuchar alguna crítica ácida del sucesor Abinader. Se cae lo primero, porque la eficiente embajadora Robin Bernstein propició que se vieran en su casa, solo para no dejar dudas sueltas, porque las reglas y el interés político habían cambiado. Y lo segundo también se caía, porque Abinader—que fue enérgico, preciso y le quedó bien su discurso enfático sobre la corrupción y la impunidad vieja o nueva—no dijo nada que Medina no pudiera oír.

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Aunque por ahí, precisamente, estaría la razón de la ausencia en el salón de la Asamblea. En efecto, habría sido una respuesta-desplante al presidente entrante, porque éste no lo había podido complacer—y no podía, porque lo dejaba sin discurso y sin palabra ante el pueblo que lo eligió–con una aspiración de “borrón y cuenta nueva” (¿). Que conste que Luis fue condescendiente en extremo, al ir y ponerse a un lado del salón donde el presidente del Senado recibió la banda presidencial de manos de Medina, quien luego se acercó y saludó al sucesor.

El feo papel, sin embargo, ya estaba hecho. Mientras Abinader, estrenándose como estadista, se creció, pues de haber querido bajarle el ego-capricho al saliente mandatario, solo tenía que ir directo al salón solemne y esperar allí a que el presidente de la Asamblea Nacional le llevara e impusiera el símbolo presidencial, aun fuera enviado al Congreso con “un delíveri”, como fuera la sugerencia irreverente y desconocedora del sentido de responsabilidad y de la institucionalidad de alguien a Medina (¿). Luis, en luna de miel, da buena señal; proyecta que su intención es hacerlo y quedar bien.

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encar-medios@hotmail.com

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