Perspectiva

Danilo Medina: arquitecto de la destrucción del PLD

Redacción/ElCorreo.do

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SANTO DOMINGO: Los grupistas actuaban en la sombra, nunca desaparecieron. Dado que Bosch como líder y maestro de la política era intolerante con la existencia del grupismo,  a los  que siempre consideraba como aprovechados y  oportunistas que solo perseguían posiciones y puestos públicos, estos se mantuvieron en la sombra, pero no dejaron nunca de actuar. Esos  grupos  no se dejaban sentir, pero  trabajaban como hormiguitas desde el Congreso Nacional en calidad de diputados iniciaron un proceso gradual y silencioso alcanzando ciertos beneficios y logrando empleos a cambio de adhesiones.

El entonces diputado Danilo Medina Sánchez, estuvo en esa carpintería política, pero sin liderazgo alguno y se cobijaba de la sombrilla de las figuras más visibles del PLD en la Cámara de Diputados para lograr la vocería del bloque de legisladores y cuando la coyuntura se lo permitió pasó a dirigir esa cámara. Es así como la primera víctima de sus ambiciones políticas desmedidas fue el diputado Norge Botello a quien logró  acorralar  y colocarlo al borde de la expulsión, pero el ojo clínico de Bosch no lo permitió al darse cuenta de que Danilo le colocó una encerrona tirándole las bases del PLD encima.

Con la victoria electoral del PLD, en 1996, Danilo Medina abandona su interés por continuar en la Cámara de Diputados y renuncia para ocupar la relevante otrora posición de Secretario de la Presidencia. Desde allí incrementó incansablemente la construcción del grupismo e inicia una discriminación con los nombramientos en las posiciones públicas, gestionando las mismas a personas que le respondían a él, haciéndolo a espalda del Presidente de la República, Leonel Fernández, quien le había depositado la confianza para colocar a los dirigentes del PLD.

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El objetivo fundamental de Medina fue crear grupos de persona que podían responder a sus intereses para impulsar su proyecto político desde el Gobierno. Pero en virtud de que Danilo carecía de un liderazgo carismático; este descansaba el desarrollo de su crecimiento sobre la base de destruir a cualquiera que se perfilara con esas condiciones, ya que la reelección estaba prohibida por la reforma constitucional del 1994, por eso Danilo Medina escoge a su segunda víctima, el entonces vicepresidente Jaime David Fernández Mirabal, contra quien desarrolló una campaña de descrédito y denuestos a lo que agregaba el uso de su posición de secretario para otorgar dádivas.

Danilo Medina se impuso por las malas en las primarias internas del PLD para alcanzar la candidatura presidencial del partido en el año 2000, llevándolo al borde de una división, la cual  se limitó a desestimular la participación activa en la campaña electoral de la corriente perdedora, cuyas consecuencias fue una derrota humillante y un triunfo del candidato del PRD, Hipólito Mejía. Fruto de esa derrota, Danilo Medina salió destrozado en su carrera política y su recuperación se produce cuando el candidato del PLD, Leonel Fernández, sale airoso y lo regresa a la posición de secretario de la Presidencia. Pero como la miseria humana, la ingratitud y las ambiciones políticas siempre han primado en Danilo Medina, éste reestructuró el grupismo, pero esta vez para enfrentar al Presidente Fernández en las primarias internas del PLD en el 2007, cuando la Constitución de la República permitía la reelección, pero fue derrotado de manera humillante y de nuevo el PLD se estremeció ya que justificaba su derrota con el anacronismo de que “me venció el Estado”.

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El liderazgo de Danilo Medina nunca fue como tal ya que solo se limitaba a construir el grupismo desmedido, cuyo objetivo ha sido destruir y desacreditar al contendor, tal como lo aprendió en el legendario PACOREDO. Por esa razón nunca ha podido superar las derrotas que sufrió en los procesos mencionados. Para las elecciones del 2012, Danilo se presentaba como el hombre del consenso que procuraba continuar el esquema de Gobierno del PLD con la consigna “Continuar lo que está bien, mejorar lo que está mal y hacer lo que nunca se ha hecho”.

Pero ¡cuántos engaños, odios y mentiras se escondían en estas palabras! Lo que nunca se había hecho fue impulsar la retaliación e incrementar el grupismo que tanto combatía Juan Bosch, empeoró  lo que estaba mal al fomentar la corrupción sin límites y descontinuó  lo que estaba bien porque debilitó la institucionalidad y le puso precio a todo el que le poda ser útil para destrozar hasta la Constitución de la República en el 2015 e intentó reproducir esta barbaridad para el 2019.

Su desenfreno fue tan inescrupuloso que contrató a todos los anti boschistas tradicionales para tirárselos encima al presidente Leonel Fernández desde que ascendió al poder y con eso le pagaba a quien le concedió el apoyo para que coronara su carrera política.

La locura que le produjo el poder a Danilo Medina fue de tal magnitud que no tan solo quería destrozar de nuevo la Constitución que juró respectar sino que ante la imposibilidad de reformar el texto constitucional, introdujo la semilla de la destrucción mediante acciones fraudulentas y dolosas que desnaturalizaron los métodos de trabajo del PLD para imponer a un desconocido para la estructura de ese partido como fue su socio corporativo, Gonzalo Castillo.

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A partir de ese momento, el PLD inició su ruta hacia el precipicio existencial, fomentando una ruptura de arriba hacia abajo como nunca había ocurrido, esto acompañado del incumplimiento de cohabitación interna establecido en 15 puntos acordados a raíz de la situación del 2015, que generó un hartazgo a lo interno y luego en la población que se tradujo en una derrota del PLD sin precedentes, al reducir sin incidencia en las estructuras de poder del Estado dominicano y derrumbar la gestión de los gobiernos peledeístas.

A la luz de lo acontecido en el proceso electoral del 2020 y el ejercicio del poder político de Danilo Medina, queda bien claro que este es el principal responsable de la salida del PLD del Gobierno, siendo el Presidente de la República que en la era democrática sale con la peor valoración, desacreditado por los actos de corrupción de su gestión. En adición, el PLD fue empujado por Danilo  a su desintegración ya que ha sido puesto en manos de un grupo corporativo que llegó al Gobierno convencido de que se encontró con un botín de guerra.

Pero también debilitaron las estructuras de ese partido al colocar a sus familiares, asistentes, sus mensajeros y allegados que desconocen cómo funciona el partido que a Juan Bosch le costó 23 años de construcción y desarrollo, exponiendo su vida y prestigio, mientras que a Danilo Medina le costó un proceso de 20 años de grupismo y 8 años de ejercicio de Gobierno para destruirlo y desacreditarlo, convirtiéndose en el arquitecto de la salida del PLD del poder en dos ocasiones.

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