Perspectiva

Cristóbal Colón y la gran chepa del milenio

Por Farid Kury

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Octubre es el mes del descubrimiento. El 12 de ese mes de 1492, Cristóbal Colón, al mando de tres carabelas, llega a estas tierras. El genovés es sin duda el gran descubridor. Cuando se habla del descubrimiento de América se identifica a Colón. Antes que él hubo muchos y buenos navegantes. Hubo también evidentes mejoras técnicas de navegación que crearon las condiciones para el éxito del genovés.

Eso es innegable. Para algunos, incluso, no fue el primer explorador europeo de América. Aun así, se le considera el descubridor de ese gran continente, llamado el Nuevo Mundo, por ser el primero que trazó una ruta de ida y vuelta a través del océano Atlántico y dio a conocer la noticia. Oficialmente su empresa es el punto de llegada, de encuentro y del inicio, a partir del segundo viaje, de la conquista de estas tierras por Europa.

Sobre Cristóbal Colón persisten, como es natural, diversas opiniones y valoraciones. Para unos es un simple criminal que exterminó la raza indígena. Otros no lo ven de manera tan maniqueísta que divide todo entre buenos y malos o héroes y villanos. Pero fuera de esas consideraciones, él fue el hombre que perseveró, que batalló, que siempre mantuvo la fe en su proyecto de llegar a la India o Cipango navegando hacia el Oeste. Colón es el hombre que nunca desmayó en ese propósito. Y ahí es que está la diferencia. Sufrió derrotas y decepciones, pero siempre creyó en su propósito.

No fue fácil convencer a los reyes. Al principio no mostraron interés por la empresa colombina. En realidad estaban inmersos en la reconquista de Granada de los moros. Pero además de la guerra con los árabes, las exigencias de Colón les parecían exageradas. Y para agravar el asunto, los expertos que analizaron el proyecto determinaron que era muy arriesgado. Sin embargo, Colón no cedió un ápice en sus argumentos.

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No perdió la fe. Hasta que al fin tuvo la dicha de convencer a dos altos cortesanos, como Luis de Santángel y Francisco de Pinelo, y estos convencieron a los reyes de la necesidad de transigir y escuchar los planes de Colón. Así finalizada la guerra con los moros y reconquistada Granada, e inmersa España en un ambiente de alegría, triunfo y de ampliar sus negocios, Colón fue recibido por los monarcas y le dieron la gran noticia: estaban dispuestos a financiar la empresa. Eso de por sí ya era una gran victoria para Colón.

Empezaron entonces las negociaciones entre ellos. El resultado de esas negociaciones fue recogido en las llamadas Capitulaciones de Santa Fe, firmadas en abril de 1492. En ellas se hacía una serie de concesiones a Colón, pero todas condicionadas a que las tierras prometidas fuesen efectivamente descubiertas. Los puntos fundamentales de este contrato otorgaban a Colón enormes privilegios, como el título de Almirante y Gobernador General de las tierras por descubrir. También se le concedían el diez por ciento de los beneficios comerciales, aparte de otras ventajas económicas.

Con unas cartas para el Gran Kan y las instrucciones para organizar la armada, Colón se marchó al puerto de Palos de la Frontera, que fue elegido como punto de partida porque en él se contaba con una buena flota y marineros experimentados en navegaciones atlánticas.

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La obstinación, perseverancia y experiencia de Cristóbal Colón al fin dieron sus frutos. Experto marinero, influido por el ambiente de Portugal y por diferentes lecturas, como las de Marco Polo, Colón es quien concibe el proyecto de alcanzar el Oriente navegando rumbo al Oeste. Las lecturas de Marco Polo y de Toscanelli, influyeron decisivamente en él. Pero al mismo tiempo les indujeron a cometer importantes errores de cálculos, que lo llevaron a pensar que la tierra era mucho más pequeña de lo que es.

Ese error le hizo suponer que las distancias eran mucho más cortas. Según ese errado cálculo, entre las Islas Canarias y el anhelado Cipango debía haber unas 2,498 millas náuticas cuando, en realidad, hay 10,700. Y eso lo llevó a creer que podía realizar el viaje en carabelas sin necesidad de hacer escalas. Y sin la necesidad de transportar tantas provisiones.

Con esos errados cálculos, Colón salió para la India, pero llegó a la futura América. Realmente, el descubrimiento de América fue una chepa, una gran chepa. La idea no era venir a este mundo y mucho menos conquistarlo. La idea era buscar una ruta más corta para Oriente. La idea de los europeos era hacer mejores negocios con África y Asia.

Pero el azar, que como dice el alemán Carlos Marx, tiene categoría histórica, condujo a Colón a estas tierras enormes y muy ricas. Entonces hubo que olvidarse de la India y de Cipango y quedarse aquí para conquistar lo hallado por casualidad.

Y como toda conquista fue violenta.  Fue brutal en todos los órdenes. En lo militar, político, económico, cultural, religioso, alimenticio, lingüístico. Una conquista completa. Todo cambió, ¿Para bien o para mal? Cada quien tendrá una perspectiva y una valoración muy particular de ese aspecto. Para mí, al margen de los excesivos crímenes, propios de las conquistas, al final fue para bien.

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Para los nativos aquello fue una sorpresa aterradora. Muchos fueron asesinados, incluso muchos se suicidaron para no someterse a los maltratos de los conquistadores. Pero muchos otros, sobre todo, en México, se aliaron a los conquistadores y aceptaron el catolicismo.  De todas maneras, ese hallazgo casual, descubrimiento, conquista, encuentro de dos culturas, o como se le quiera llamar,  agrandó y unió el mundo. Lo globalizó y facilitó su crecimiento económico. Le proporcionó al naciente capitalismo el oxígeno que necesitaba para terminar de enterrar la oscura Edad Media y expandirse. Fueron enormes las riquezas encontradas por aquí que sirvieron para el florecimiento del comercio, las industrias y la navegación.

Que el genovés y los que vinieron con él y después de él eran criminales y buscadores de riquezas, y para conseguir sus propósitos recurrieron a todos los crímenes y bellaquerías imaginables, sí lo eran.

Pero encima de esas consideraciones, la empresa que le tocó encabezar al Almirante Cristóbal Colón no se puede reducir a simples epítetos denigrantes. En términos históricos esa empresa fue muy grande. Es sin duda el acontecimiento, no del siglo, sino del milenio. El genovés cambió la rueda de la historia, pese a que murió desconsiderado y sin saber la real grandeza de lo que había hecho.

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