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Cómo un fondo de pensiones en EEUU ayudó a financiar la guerra por el petróleo en Irak

Muchos fondos de pensión públicos son inversores conservadores, pero el Oilflow SPV 1 DAC fue más allá.

SPUTNIK

MOSCÚ.- Invirtió los ahorros de jubilación de los profesores de Pensilvania en la guerra por el petróleo en Irak. Los escritores Javier Blas y Jack Farchy repasan esta historia en su nuevo libro.
Los profesores de Pensilvania no eran los únicos. En Carolina del Sur, los ahorros de más de 600.000 policías, jueces y otros trabajadores del sector público habían sido dirigidos a la misma fuente de inversión. En ella también se invirtieron los recursos de los profesores y los bomberos de Virginia Occidental, destacan los autores en su libro The World for Sale (El mundo a la venta, en español) que se publicará el 25 de febrero en el Reino Unido y el 1 de marzo en EEUU.

Para todos ellos, Oilflow SPV 1 DAC parecía ser una buena opción de inversión. En un mundo de tipos de interés ultra bajos, sus pagarés, registrados en la Bolsa de las Islas Caimán, prometían retornarles un 12% anual durante cinco años. Por supuesto, el alto rendimiento no descartaba la posibilidad de que la inversión en este fondo conllevase un riesgo significativo.

Oilflow SPV 1 DAC estaba controlado por la mismísima Glencore, la mayor empresa comercializadora de materias primas del mundo. Esta compañía, junto con otros comerciantes, se ha convertido en un engranaje esencial de la economía mundial. Estaba dispuesta a hacer negocios donde otras empresas no se atrevían a poner un pie.

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El Kurdistán iraquí fue uno de esos lugares. Los kurdos, que suman unos 30 millones de personas repartidas entre Irak, Siria, Turquía e Irán, se describen a menudo como el mayor grupo étnico del mundo sin país propio. Tras la muerte de Saddam Hussein, pasaron más de una década presionando a la comunidad internacional para que reconociera su lucha por la independencia de Irak.

En 2014, gracias a una audaz campaña militar, los kurdos se apoderaron de varios yacimientos de petróleo en el norte del país, incluido un gigantesco depósito cerca de la ciudad de Kirkuk. Pero para convertir su petróleo en dinero, necesitaban encontrar la forma de venderlo y esto no era una tarea del todo fácil, recuerdan los autores, citados por Bloomberg.

El Gobierno central en Bagdad amenazó con adoptar acciones legales contra los compradores del crudo, por considerarlo propiedad robada al Estado iraquí. La advertencia disuadió a muchos, pero los comerciantes de materias primas no se dejaron intimidar tan fácilmente.

Finalmente, con la ayuda de los comerciantes, el Gobierno del Kurdistán iraquí logró sacar casi 600.000 barriles al día en su punto álgido. Pero los kurdos seguían sin dinero, así que volvieron a recurrir a sus socios. Las empresas Vitol, Trafigura y Glencore, junto con otros agentes del mercado más pequeños, aseguraron para el Gobierno kurdo hasta 3.500 millones de dólares.

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Algunos comerciantes recurrieron a la ayuda de sus bancos para proporcionar ese dinero, pero Glencore tomó el camino más inusual. Esta empresa concluyó que era demasiado arriesgado invertir su propio dinero en Kurdistán. Por ello, recurrió a inversores internacionales para recaudar 500 millones de dólares en efectivo, vendiéndoles un bono respaldado por petróleo que ofrecía un alto tipo de interés. Ese bono, a su vez, aseguró la aproximación de Glencore a los kurdos. Así nació Oilflow SPV 1 DAC.

Este dinero hizo mucho más que pagar los salarios de los funcionarios kurdos. Los petrodólares también envalentonaron al movimiento independentista kurdo.

“Antes de los acuerdos con los comerciantes, el Gobierno del Kurdistán iraquí apenas tenía otra fuente de ingresos que unas donaciones de Bagdad. Ahora, por primera vez, los políticos locales sentían que la verdadera independencia estaba al alcance de sus manos”, explican los autores.

En septiembre de 2017, solo unos meses después de que Glencore recaudase el dinero para la región a través de Oilflow SPV 1 DAC, los políticos del Kurdistán celebraron un referéndum de independencia y el 93% de la población votó a favor de separarse de Irak. Pero si los kurdos esperaban que la comunidad internacional diera la bienvenida a una nueva nación, habían calculado mal. Washington y otros Gobiernos occidentales habían advertido a los kurdos que no debían celebrar la votación. Lo último que querían era otra nación frágil en una región ya inestable.

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“Pocos días después del referéndum, Bagdad envió al Ejército federal al norte del país para reconquistar la ciudad de Kirkuk y sus yacimientos petrolíferos. El sueño de la independencia de la región kurda se hizo añicos. La autonomía económica que podría haber sido posible ahora parecía una fantasía”, destacan Javier Blas y Jack Farchy.

Glencore pensaba que había creado un vehículo con un amplio margen de maniobra para gestionar una caída de las exportaciones o de los precios del petróleo. Su capacidad para reembolsar a los inversores no se vio afectada cuando Bagdad se apoderó de los campos petrolíferos de Kirkuk. Pero, cuando, en 2020, los precios del crudo se desplomaron, ni siquiera este margen resultó suficiente. Como resultado, el vehículo financiero ya no pudo cumplir con sus compromisos y los inversores sufrieron retrasos en su calendario de reembolso.

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