Farid KuryPerspectiva

Afganistán: dos importantes lecciones

Por Farid Kury

Colaboración/elCorreo.do

PERSPECTIVA: Contrario a la guerra de Vietnam que generó un gran rechazo en la sociedad norteamericana, la guerra en Afganistán librada a partir de 2001 contra los talibanes y Al Qaeda, pese a ser la más larga de todas las guerras norteamericanas, no ha generado el mismo rechazo entre los norteamericanos.

Aun así, las élites norteamericanas, viendo el altísimo costo económico y político de esa guerra, decidieron salir. El presidente Donald Trump inició las negociaciones con los talibanes y con ellos acordó sacar las tropas. El presidente  Joe Biden ejecutó lo acordado.

El objetivo de esa guerra, según el ex presidente Bush, era derrocar el gobierno talibán, destruir a Al Qaeda y llevar la democracia a ese país.

Sí, así como se lee: llevar la democracia, aunque ahora Biden, frente al fracaso, diga lo contrario.

En cuestión de días las tropas norteamericanas ocuparon el país. Los talibanes, sabedores de que no podían enfrentarse al ejército norteamericano, no presentaron batalla. Huyeron. Aplicaron el principio de que la mejor manera de presentar batalla es no presentarla.

Prefirieron esparcirse por las montañas  y ciudades antes que someter sus fuerzas a una guerra con EU en la que sin dudas hubiesen sido diezmados. Fue una manera inteligente de preservar parte de sus fuerzas en medio de la huída.

De igual manera,

Al Qaeda huyó, unos a las montañas y otros a Pakistán. El propio Osama Bin Laden se escondió en Pakistán donde fue cazado y matado.

Todo parecía marchar de maravilla, pese a que quedaba pendiente la tarea de llevar la democracia a Afganistán.

Ahí la tarea era muy dura. O como decimos en el Caribe, ahí es que la puerca se tuerce el rabo. Un país dividido en muchas etnias, tribus, sectas religiosas, intereses políticos, no resultaba fácil de la noche a la mañana establecer en él una sociedad democrática. Las tradiciones milenarias pesaban y pesan demasiado.

Para algunas tribus y etnias afganas, como por ejemplo los Pastun y los Zaharas, los valores democráticos al estilo occidental no son sus valores.

Insertados en ese conflicto  y motivados por la victoria rápida contra el talibán, el presidente Bush decidió invadir a Irak. No habían terminado de aniquilar a los talibanes ni a Al Qaeda, y mucho menos reconstruir el país con instituciones democráticas, cuando ya estaban  realizando otra ocupación y abriendo un segundo frente en un país también complicado, que se debate en cruentas luchas entre los sunitas y los chiitas. Los talibanes estaban derrotados, pero no aniquilados.

El argumento principal para justificar esa invasión era el de que Sadam Husein había apoyado los ataques del 11 de septiembre y que tenía armas de destrucción masivas.

Ambos argumentos eran falsos. Sadam  Husein podía ser, y era, todo lo sanguinario que fue, pero nunca apoyó a Al Qaeda ni tenía armas de destrucción masiva.

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Junto a esos falsos argumentos, y como lo hicieron en Afganistán, proclamaron que llevarían la democracia a Irak.

Los inquilinos de la Casa Blanca tenían el criterio enarbolado escencialmente por el profesor Samuel Huntintong de  que lo que estaba aconteciendo era un choque de civilizaciones, entre Occidente y el Islam.

Y como se trataba de un choque de civilizaciones  era necesario llevar la democracia a esa región «porque las democracias no se atacan entre sí».

Basados en esos criterios siguieron con sus guerras en Afganistán y en Irak y aniquilaron al ejército iraquí. Muchos de los oficiales y soldados iraquíes, al verse desempleados, y con mucho odio hacia Estados Unidos, se esparcieron por la región. Unos terminaron ayudando a los talibanes  y otros integrandose a diversos movimientos politicos religiosos antinorteamericanos, entre ellos incluso al temible Estado islámico.

No pocos analistas entienden que de alguna manera influyó en el fracaso de Afganistán el hecho de hacer la guerra en Irak sin antes terminar la tarea en Afganistán.

Veinte años después de esas invasiones el gobierno norteamericano siente que todo ha sido un fracaso. El talibán volvió al poder e Irak está sumido en un caos y con mucha influencia iraní.

Después de veinte años de guerra resulta que Estados Unidos no tienen control de Irak ni de Afganistán.  En tanto, sus competidores China y Rusia sí tienen buenos vínculos y apreciable influencia.

La lección que se debe sacar de todo eso es que el tiempo de las invasiones militares quedó atrás. Esa lección es lo bueno entre lo malo.

Eso de resolver los conflictos, aun los del terrorismo, mediante invasiones, no funciona ya. Ahí está la muestra. El imperio más grande de todos los tiempos no pudo derrotar a tribus.

La otra lección que los norteamericanos deben aprender es que la democracia no se impone mediante invasiones militares ni desde fuera. No se exporta.

En 2001 los talibanes huyeron. En el 2021 los norteamericanos huyeron. Es la rueda de la política y de la guerra .

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