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Adelantan decreto 270-20 avivará confrontación grupos turísticos Rainieri-Hazoury en la zona Este

Redacción/ Elcorreo.do

SANTO DOMINGO: Frank Rainieri con su mensaje de “sin prisa, pero sin pausa” le enviaba una advertencia a los Hazoury, principales dueños de Cap Cana, que comenzaron un gigantesco proyecto con el pie a fondo en el acelerador quemando el motor antes de alcanzar sus sueños de grandeza, afirma José Lois Malkún, el gobernador del Banco Central.

Una de las medidas dispuestas por el presidente Danilo Medina en el actual período de transición que mayor problema le causará a la próxima administración del presidente electo Luis Abinader, será la ejecución del decreto 270-20, mediante el cual se autoriza el establecimiento del Aeropuerto Internacional de Bávaro, en el paraje de Tres Piezas, sector El Salado, del municipio de Higuey.

Los inconvenientes que se prevé generará la disposición presidencial será el enfrentamiento de intereses que se denuncia soterradamente entre los principales grupos económicos ligados a las actividades turísticas de la región este del país.

Tan pronto fue dado a conocer el indicado decreto, se produjo la reacción correspondiente de la competencia la que denunció la presunta participación accionaria de dos actuales altos cargos del gobierno y otros ya cesados en el proyecto que manejará la nueva terminal aeroportuaria.

“Desde antes de ser emitido del decreto 270-20, los beneficiarios iniciaron los trabajos de construcción del aeropuerto, cuya legalidad o no quedará establecida cuando asuma la dirección del Estado el presidente electo Luis Abinader”, expuso una fuente de ElCorrero.do.

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Uno de los argumentos que presentarán los que se consideran perjudicados con la autorización de instalar la nueva terminal es la distancia entre esta y la que funciona en Punta Cana.

De un punto al otro sólo hay 19.4 kilómetros, los que pueden ser recorridos en sólo 21 minutos, en taxi, coche, autobús de enlace o en towncar.

También se pretende exponer la capacidad instalada en el aeropuerto Punta Cana, tenido como el principal del país por movimiento de pasajeros, cuyas metas para el año en curso apuntaron a la cifra de 10 millones de viajeros de haber mantenido las proyecciones antes de la pandemia.

Los protagonistas: Rainieri-Hazoury

En el año 1969, un grupo de inversionistas norteamericanos adquiró una porción de terrenos de 58 millones de metros cuadrados, equivalentes a 48 kilómetros cuadrados de pura jungla en el extremo Este de la República Dominicana.

Poco tiempo después se unió a ellos un grupo de inversionistas locales, liderados por el empresario Frank Rainieri, quienes tuvieron la visión de desarrollar el área para fines turísticos.

Bajo la dirección de Rainieri y del norteamericano Theodore W. Kheel, la Compañía de Desarrollo Turístico, Residencial e Industrial, S.A. (CODDETREISA) hoy Grupo Puntacana S.A., comenzó el desarrollo de la propiedad en el 1971 al inaugurar un pequeño hotel conocido como Punta Cana Club, que consistía en 10 cabañas de 2 habitaciones, una casa club, un pequeño poblado para empleados, una planta eléctrica y una rústica pista de aterrizaje para avionetas.

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Cap Cana

Por la fortaleza que mostró al principio el proyecto Cap Cana comenzó, se percibió que se acercaba un gran enfrentamiento entre el éste y el encabezado por Rainieri, como efecto en parte se produjo.

Esas expectativas supusieron que la nueva iniciativa seria el centro turístico más grande e importante del país y de todo el Caribe, pues su promoción presentaba un proyecto de lujo en 120 millones de metros cuadrados, con una impresionante marina con capacidad para 130 embarcaciones, algunas superando los 150 metros de eslora.

Al escribir este lunes sobre el tema, el economista José Lois Malkún refiere que, por su gran tamaño y acelerado desarrollo, “los Hazoury, como principales accionistas, buscaban desesperadamente financiamiento en bancos del exterior porque de eso dependía la sobrevivencia del proyecto”.

Agrega que poco tiempo después “salieron a la luz los problemas de Cap Cana luego de la anunciada quiebra del banco estadounidense Lehman Brothers, a raíz de la crisis financiera del 2008-2009, en cuya entidad los promotores del proyecto estaban prestos a lograr un financiamiento de US$250 millones”.

Como era de esperarse, dicha crisis llevó a la casi paralización de Cap Cana, incluyendo el despido de miles de empleados, muchas obras dejadas a medio terminar “y posteriormente varios litigios en cortes de Estados Unidos por demandas de accionistas, que incluían al actual presidente Donald Trump”.

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Hay que tener un aeropuerto

En su artículo, Lois Malkún refiere que los Hazoury aprendieron una lección: “Hay que tener un aeropuerto en la zona Bávaro-Punta Cana, para sobrevivir porque es ahí donde arriba el 60% de los turistas que llegan al país, generando millones de dólares de beneficios. Si no pregúntale a Frank Rainieri”.

Y agrega: “así dio inicio un nuevo proyecto para construir el Aeropuerto Internacional de Bávaro, en el municipio de Salvaleón, cerca de Higüey, provincia de La Altagracia. El presidente Medina aprobó dicha obra mediante decreto 270-20, de fecha 21 de julio del 2020”.

“La pregunta es”, continuó” “¿Se justifica otro aeropuerto a menos de 30 kilómetros del que existe en Punta Cana propiedad de los Rainieri? Obviamente que no pero cuando se trata de accionistas poderosos y una inversión de US$200 millones en medio de una crisis económica sin precedente, es difícil decir que no”.

A su juicio, la zona este de República Dominicana, con un área de aproximadamente 13 mil kilómetros cuadrados contará muy pronto con 6 aeropuertos internacionales, más de los que tiene el resto del país y que la obra “definitivamente será un importante colchón financiero para los Hazoury y su proyecto Cap Cana”.

Sin embargo, advierte que también será “una fuente de discordia y sangrienta competencia entre esos dos gigantes del turismo oriental dominicano.

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