Panorama

Abogada internacionalista Lucy Arraya valora aportes del recién fallecido diplomático venezolano Julio Portillo

Redacción/elCorreo.do

SANTO DOMINGO: La doctora Lucy Arraya, catedrática universitaria y especialista en Derecho Internacional, ponderó este lunes los aportes del recién fallecido diplomático y escritor venezolano Julio Portillo en las relaciones de su país con República Dominicana, legado que, en su opinión deberá ser reconocido por la comunidad intelectual de ambas naciones.

La muerte de Portillo, quien fuera embajador de Venezuela en la República Dominicana durante el primer gobierno del fenecido presidente Hugo Chávez,  fue dada a conocer por los medios de comunicación del país sudamericano, aunque en el país pasó virtualmente desapercibida.

En su edición del pasado lunes, el diario El Universal de Caracas, al dar la información sobre el deceso, resaltó que el ex embajador venezolano en el país fue el único hijo de la patria de Bolívar miembro del Comité Ejecutivo Mundial de la Asociación Internacional de Ciencias Políticas, dependiente de la UNESCO.

A continuación, las palabras de la doctora Arraya sobre quien fuera su colega en las investigaciones históricas y las relaciones internacionales.

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Embajador Julio Portillo: un vínculo entre República Dominicana y Venezuela

Su súbita partida rompe un estrecho vínculo de amistad, solidaridad e historia entre Venezuela y la República Dominicana. Sorpresivamente como en la mitología griega, las palomas negras y la barca sobre el lago de Estigia vinieron y lo llevaron al viaje definitivo y sin retorno….

El Dr. Julio Portillo, diplomático por esencia y vocación, deja un legado a través de sus obras, en las que plasmó sus mejores ideales, experiencias y trabajos de investigación sobre temas de historia, diplomacia, ciencias y artes.

Llegó al país siendo un joven de 18 años, en ocasión de un viaje estudiantil para un congreso de la Democracia-Cristiana en 1966, el cual no se pudo realizar, no obstante, él decidió quedarse por más tiempo y conocer la tierra del patricio Juan Pablo Duarte, de quien tuvo conocimiento en su tierra natal. A partir de entonces, construyó desde su Maracaibo, del estado de Zulia, un puente de conexión que mantuvo aún en los momentos más aciagos de la historia de ambos países.

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Fue también un destacado abogado, historiador, politólogo, docente y escritor, que no escatimó esfuerzos en hacer y dar lo mejor. Se ocupó en fortalecer, todavía más, los lazos existentes entre las patrias de Bolívar y Duarte. En esa entrega y pasión, publicó el libro: “Venezuela y República Dominicana: Relaciones Diplomáticas”. Prestigió la carrera diplomática venezolana, cuando fue designado Embajador Extraordinario y Plenipotenciario ante el Gobierno dominicano.

Al frente de la misión, jugó un importante y excelente trabajo en beneficio del intercambio bilateral y, a pesar del repentino término de sus funciones, continuó buscando los elementos comunes y similares que permitieran mantener el vínculo. En esa búsqueda investigativa, rescató valiosos documentos y elevó nuestro prócer nacional en: la Faz de Duarte: iconografía; resaltó el papel de Rafael María Baralt como el primer embajador dominicano ante la Corte Española, en un prolijo trabajo biográfico de su vida y contribuciones; exploró nuestro arte colonial y calles de la ciudad en dos libros con preciosas imágenes: Los balcones de la ciudad primada, y Santo Domingo: imagen y vida: 1860-1960.     

Julio Portillo amó entrañablemente a la República Dominicana y todo lo que representaba el pueblo dominicano.  Estableció contactos con importantes personalidades y con dos damas que fueron sus filias griegas en el país, doña Eulalia Flores y Francia Sención, a quienes tuvo como referente de los más altos valores de servicio, fidelidad y honestidad.

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Nuestra profunda gratitud al embajador Julio Portillo por la trascendencia que dio a las relaciones dominico-venezolanas, por sus aportes a la historiografía dominicana, por sus enseñanzas y valiosa e irrepetible amistad. ¡Paz a sus restos y Dios lo tenga en su gloria!

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