Martes, 26 Diciembre 2017 00:00

Abogado Néstor Arroyo critica “sofistas” del patio pretendan descalificar el debate por filosofía mercantilista que cambia la verdad por el interés

El abogado y escritor Néstor Arroyo critica en un artículo publicado en El Caribe que existan “sofistas” del patio que en medio del debate pretendan descalificar a los demás en nombre de una filosofía mercantilista que cambia la verdad por el interés.

El jurista vuelve sobre el tema al considerar que, “al defender intereses efímeros, los sofistas piensan que las opiniones de los demás son falsas, sólo por no ser las de ellos”.

Arroyo dice que, “en esta parte de la discusión, el interés por la por la verdad, que en la mayoría de los casos pudo haber sido el único motivo al exponer la tesis supuestamente verdadera, cede ahora del todo a favor del interés por la vanidad”.

Por considerarlo de importancia para sus lectores, El Correo.do reproduce íntegramente el artículo del licenciado Néstor Arroyo.

 

Los sofistas y el “problema ético”

Néstor Arroyo

Atenas, época de Pericles.

 

"Desde un pórtico, franqueado por una gigantesca estatua de Apolo, observo la discusión de los sofistas. El Ágora está llena, parece que se jugará el futuro de la Polis.

En la disputa las posturas son extremas. Nadie quiere ceder un palmo. Unos parecen defender principios, otros, intereses. Unos dan la apariencia de ser coherentes, otros no. Unos defienden sus tesis con ideas. Otros con denuestos y calificativos. Unos aceptan que “su” verdad podría no ser “la” verdad. Otros dicen poseerla y aseguran que nadie más tiene acceso a ella.

Ahora, más allá de las disputas y de las invocaciones a Zeus o Poseidón, en la discusión subyace un problema ético. Los sofistas tienen, cuando asumen posturas de coyuntura, una ética adaptable, como la barca que cruza el Mar Egeo en medio de la tormenta y, para no sucumbir, va y viene con el mar y el viento, adaptándose.

Al creerse dueños de la verdad, los sofistas olvidan a Sócrates que murió recientemente al preferir tomar la cicuta antes que abdicar de sus ideas, de sus enseñanzas. Y quien, con una olímpica humildad y a contracorriente del Oráculo de Delfos, no se consideraba “el más sabio de los hombres”.

Al defender intereses efímeros, los sofistas piensan que las opiniones de los demás son falsas, solo por no ser las de ellos. Descalifican ad hominem y dejan ver esa “vanidad innata, especialmente susceptible en lo tocante a las capacidades intelectuales, (que) se niega a admitir que lo que hemos empezado exponiendo resulte ser falso y cierto lo expuesto por el adversario”.

En esta parte de la discusión “El interés por la verdad, que en la mayoría de los casos pudo haber sido el único motivo al exponer la tesis supuestamente verdadera, cede ahora del todo a favor del interés por la vanidad: lo verdadero debe parecer falso y lo falso verdadero” (Schopenhauer).

Los sofistas, al salir de la academia son capaces, como Plauto en “Los dos Menecmos”, de endilgar a otros lo que ellos padecen, y de pretender enseñar lo que no siguen ellos: “Acusamos a los otros de locura, de necedad, y nosotros mismos somos los más tontos”. Es como “que un hombre inconstante escriba de constancia, que un vividor profano prescriba reglas de santidad y piedad (o) que un tonto incluso haga un tratado sobre sabiduría (…)” (Dionisio, gobernador de África nombrado por César).

Los sofistas son la admiración de toda Atenas, por eso escribo sobre ellos. Incluso en mis adentros quisiera ser uno. Pero sus clases son inalcanzables para un plebeyo, no he escrito sobre nada –mejor, así no me contradigo después-, ni tengo amanuenses que escriban por mí. Tampoco he tenido acceso a los tratados que los sofistas leen y escriben. Y, más importante aún, no tengo el problema ético ni los remordimientos de conciencia que todo buen sofista debe padecer.

Solo puedo escucharlos y admirarlos en el Ágora, desde un pórtico, franqueado por una gigantesca estatua de Apolo".

Sobre Nosotros

Somos una revista de publicaciones noticiosas de carácter general.

Nuestro objetivo es llevar informaciones precisas y veraces en un formato moderno y dinámico.

El Correo.do es un medio abierto al flujo de las ideas, que propicia un debate más deshinibido de los temas nacionales y con un profundo arraigo en los valores de la democracia republicana y del Estado de Derecho.

Declaración de Principios

El Correo.do es un medio independiente que asume un compromiso con la libertad de expresión, la transparencia y el acceso a la información de los ciudadanos.

En las actuales circunstancias, la sociedad dominicana atraviesa momentos muy difíciles y para nosotros, el periodismo crítico y el acceso a la información pública son fundamentos esenciales del pluralismo democrático.

La calidad y la independencia de las investigaciones que publicamos son innegociables y sólo obedecen a criterios editoriales de nuestras políticas informativas.

We use cookies to improve our website. By continuing to use this website, you are giving consent to cookies being used. More details…